martes, 11 de agosto de 2020

Las vaciones de Beth.

-Buenos días corazón- -Buenos días-dijo Jim mientras abría un ojo y se desperezaba. Me levanté y me puse a hacer el desayuno. Pensé en lo buena que había sido la idea de alquilar un apartamento en Cadaqués. Necesitaba unos días con mi mejor amigo. Necesitaba charlas, cenas, playa y relax a su lado. Y porqué no decirlo, me estaba sentando genial unos días sin trabajar. Quién me ha visto y quién me ve. Yo, una maniática de mantener mi puesto por encima de todo; una jefa que echaba la bronca a sus empleados por el simple hecho de ir al servicio más de cinco veces al día; una trabajadora ejemplar: la primera que llegaba y la última que se iba. Confieso que en Nueva York me llamaban: “Anna Wintour Junior” ¿Qué me estaba pasando en España? ¿El país me había relajado o era mi cuerpo que se relajaba ante semejante país? Aquí, lo importante no es el dinero o el trabajo. Aquí lo importante es vivir y ser feliz. Evidentemente hay trabajos que sí. En la bolsa de Barcelona hay estrés, cuando eres el director comercial de la marca Yves Saint Laurent obvio que también; pero por lo general se vive muy tranquilo. Sin quererlo estaba asimilando las sensaciones y el ritmo de vida que mi abuela y mi Señor abuelo me comentaban cuando hablaban de este país. Adoraba pasear con los últimos rayos del sol, me encantaba eso de hacer el tapeo o el vermuth los domingos. Me moría por la comida, el vino y el cava catalán (confieso que lo descubrí hace pocos días) La verdad que tomando café, sentada en el sofá, mientras miraba al mar por la ventana del comedor, me sentía muy, muy feliz.



El viernes, justo antes de irnos, conseguí un piso perfecto. Todo fue muy rápido. Una señora de unos ochenta años me llamó al móvil y me dijo si podía, esa misma tarde, ver el piso. Había recibido un mail con mi solicitud pero no se aclaraba con los ordenadores, así que me pidió conocerme tomando un café con ella a las cinco. Imaginaos, yo con el coche recién alquilado, Jim metiendo las maletas y poniendo el GPS y el recpcionista del hotel preguntando si dejaba la habitación... Con este panorama le dije que sí. Una cosa era desconectar del trabajo unos días y la otra dejar pasar un piso perfecto por llegar antes a la playa… España, de momento, no me había cambiado tanto. Jim fue mi amuleto. Me acompañó y se hizo pasar por mi novio, (cosa que nos gustaba hacer mucho) Resultó muy útil. La dueña nos vio como una pareja comprometida y de futuro, nos preguntó si teníamos pensado tener hijos y cuánto tiempo hacía que salíamos. Después del café la señora nos confesó que tenía miedo de que yo fuera una solterona que trajera a un montón de chicos y que ensuciara de cochinadas, sus sábanas de algodón egipcio de seiscientos hilos. Jim no sabía mucho español pero con una sonrisa y un: “no se preocupe Sra. Grau i Ribó, cuidaremos de su piso como si fuera nuestro” la conquistó. Debo reconocer que gracias a Jim tuve un descuento tanto en la fianza, como en el alquiler mensual. De mil setecientos euros que pedía, me lo dejó en mil cuatrocientos y con garaje incluido. Flipé con la labia de Jim y con su poder de conquista hacia la gente ajena. La señora Grau i Ribó nos dijo que estaba muy contenta con nosotros y que el precio lo subía para evitar a las solteronas. ¡Dios como odiaba esa palabra!. ¿Si Jim no hubiese venido hubiese pagado trecientos euros al mes más por la cara, rectifico: por mi cara de solterora? Por desgracia vivíamos en un mundo que las apariencias aún lo eran todo. Me relajé y eché una mirada a mi nuevo piso. La vivienda era una preciosidad. Muebles de madera oscuro que parecían coloniales, acabados de parquet, ventanas de aluminio blancas con doble cristal para evitar los ruidos exteriores y cocina totalmente equipada. Tenía unos ochenta o noventa metros cuadrados. Una terraza amplia que daba a un “pati d’illa”, tres habitaciones, la mía era suite y había otro baño en el pasillo frente a las habitaciones pequeñas. Una será mi vestidor (justo la que está puerta con puerta con el dormitorio) y la otra la de invitados. El pasillo no era muy grande, siempre he odiado las casas que lo tuvieran muy largo; no era exactamente odio, en realidad me daba miedo. Supongo que tantas pelis de terror corriendo pasillo arriba y abajo hasta que la protagonista muere, no ayudaban a mis fobias inmobiliarias. La habitación tenía una cama enorme y… ya no me haría falta un vestidor. Tenía dentro un pequeño cuartito que ya era un vestidor hecho de obra. Magnífico. Confieso que se me cayó una lágrima al ver las barras para poner todos mis zapatos. La cocina estaba abierta al comedor haciendo un espacio enorme. Pero sin duda, lo mejor de todo: la terraza. Era cuadrada, tenía una mesa, cuatro sillas y hasta una sombrilla para tapar el sol y que mi piel blanquita no se quemase. Éso me enamoró. Firmé el contrato esa misma tarde y le hice el ingreso de la fianza al instante desde el móvil. La abuela flipó. Llamó a su gestor para que comprobase que el ingreso había llegado sin prblemas. Ahí ni la sonrisa de Jim pudo convencerla de que el dinero ya estaba en su cuenta. Recibí dos copias de las llaves. Una, por supuesto, la abuela se la dio a Jim. En el ascensor nos abrazamos y empezamos a hacer unos chillidos muy cuquis y nuestro bailecito de “Que guay, lo has conseguido” Mirándolo fríamente Jim parecía gay, sobre todo en momentos como aquellos. Súper emocionados le dije que esta noche había que darlo todo. Y que por supuesto invitaba yo. Jim aceptó y antes de arrancar hacia nuestras vacaciones me miró y me dijo; “Peque, ahora sí que lo has conseguido. Felicidades”



Llegamos a Cadaqués cerca de las nueve. Con el BMW X1 que había alquilado se nos hizo el viaje súper ameno y muy cómodo. Pusimos nuestra lista de spotify y tiramos millas hasta este precioso pueblo que aparecía detrás de una carretera de curvas bastante pronunciadas. Las curvas, Jim, Cadaqués, mi piso nuevo y el atardecer, hicieron de ese momento: único. Me sentí cómo que no podía pedirle más a la vida. Dejamos rápidamente las maletas, nos duchamos y nos arreglamos para cenar. En el coche, antes de llegar, (previsores como somos los dos) miramos restaurantes para cenar. Nos enamoramos de uno que se llama Compartir. Hubiese sido ideal para esa noche, pero era uno de esos restaurantes que se pedía cita con dos meses de antelación. Creo que era de los cocineros de Ferrán Adrià. No lo pensé dos veces y pedí cita ya. Me dieron fecha para el último día de su calendario laboral ya que luego cierran y no vuelven a abrir hasta marzo. Entre las Navidades y el frío la telefonista me dijo que la experiencia no se disfrutaba igual. Así que el 3 de diciembre íbamos a cenar cuatro personas y de paso disfrutar de mi cumpleaños que era un par de días después. “Tú estás loca” me dijo Jim. “¿Pero con quién vas a ir?” “Contigo” le dije. “Hace un rato me has dicho que empezaba una nueva vida, que lo había conseguido, que estabas muy orgulloso de mí, ¿verdad? Pues así de alocada es la nueva Beth. Y ahora sigue buscando algo para cenar que me muero de hambre. ¿Cuál es el próximo de la lista?”



Al final acabamos en el Restaurante Lua. Un sitio muy curioso que hacía una fusión entre oriente y occidente. Todo conectado através del Mediterráneo. Había cosas griegas, turcas, italianas, catalanas, marroquíes, argelinas... La verdad que fue un descubrimiento muy bueno. Cenamos divinamente, nos ofrecieron un vino blanco, fresquito y muy adecuado a los platos que pedimos. Era increíble que terminando octubre, Cataluña gozara de una temperatura tan agradable. El camarero nos recomendó tomar un cóctel en un pequeño local llamado “El café de La Habana” Allí cada noche actuaba un cantautor diferente.  La música y el arte amateur era la seña de este preciado local. Mientras escuchábamos a un cincuentón de pelo ralo cantando en catalán las famosas Habaneras, Jim me explicó todo acerca de su nuevo amor. Se habían conocido en el metro. Ella se bajaba en la 8 Av 14 St y él en la 7 Avenue Station. La línea E, color azul, del metro de NY, les había unido. Un tren descarriló y los hicieron bajar a todos durante una hora. Él empezó a hablar con ella y acabaron desayunando en una cafetería cerca de la catorce con la calle siete. ¡Muy cerca de mi casa! Se metieron por esos callejones tan encantadores tipo la calle Perry o la calle Jane y allí nació el amor. Entre el sur de la calle Houston y el norte. O como se dice coloquialmente entre el SoHo y el NoHo Jim se volvió a enamorar. Llevaban un mes escaso saliendo y estaban genial. Él era un enamoradizo de manual. Cuando le conocí, aluciné. Se enamoraba perdidamente de las chicas y cuando la relación acababa (más tarde o más temprano) Jim sufría como un adolescente. Parecía que era la primera vez en su vida que se enamoraba cuando lo veías sufrir así. Todo lo hacía con tanto sentimiento: el amor y el desamor. Siempre me juraba que era la última vez que le consolaba, pero cuando se quiere tanto a alguien como yo quiero a Jim, las promesas no te sirven de nada. Te alegras por él cuando se encuentra a la chica de sus sueños y lloras con él cuando todo acaba. Después de tantas rupturas traumáticas y tantos dólares gastados en terapia, alucino cuando vuelve a encontrar el amor. Se mete de cabeza como un adolescente y ya no hay marcha atrás. La verdad que yo hace tiempo que no creo en un amor así. Tan puro, tan sincero, tan auténtico. Espero sinceramente que Lucy sea la definitiva. Por lo que me ha dicho Jim, es estupenda. Ayer, después de unos gintonics, me juró y me perjuró que en el próximo viaje vendría con ella. Me imagino cenando con ellos en Compartir. Charlando, riendo, disfrutando. Bueno con ellos y con un galán maravilloso que me haga perder la cabeza tanto como este bendito país lo está empezando a hacer...


Me acabé el café. Jim salía del baño después de ducharse y de pasarse media hora hablando con Lucy. -¡Qué bien huele!- -¿A qué hora tenemos el padel surf?- - En una hora. Por cierto me estaba acordando de el tío francés que quería llevarte a la cama- -¡Aix calla!- -Mujer perfecta, piernas perfectas y mente perfecta- dijimos los dos a la vez mientras nos reíamos. -El único que no era perfecto en la ecuación era él- dije yo a carcajada limpia. Empecé a reír tanto que hasta me salieron lágrimas. La verdad que estos días Jim y yo habíamos recuperado el tiempo perdido. Teníamos unos cuántos restaurantes más en nuestra agenda. En mi opinión, el mejor: Restaurante La sirena. Uno de paellas muy marinero que nada más entrar te transporta al siglo pasado. Hueles a mar, ves colgadas las redes y te las imaginas llenas de moluscos que de ahí, pasarán directamente a la olla. Las sillas son de madera con el asiento de rejilla. Las mesas redondas y con los manteles de cuadros típicos de las abuelas españolas. Un encanto de sitio. No es comida de fusión, ni decoración minimalista. Pero tiene un alma y un “caliu” que te deja sin habla. Los platos son estupendos y creo que comí una de las mejores paellas que he probado nunca. Viniendo de mí es mucho mérito. Mi abuela, una española con mucho carácter montó allá por el año setenta y dos el primer restaurante de paellas en Nueva York. Así que aunque sea yanqui, tengo el paladar muy acostumbrado a este plato tan “tipical spanish” El primer restaurante español (en general) lo fundó Luís Fernández allá por el cuarenta y uno. Pero el de mi abuela es el primero exclusivo en paellas y marisco. Lo recalco porque con esto siempre hemos tenido problemas legales. Ya sabéis como funciona mi país, estornudas fuera dl pañuelo y te cae una denuncia.



-¿Preparada para pasar nuestro último día en este magnífico pueblo?- -No- confesé. No me quería marchar. Habían sido unos días inolvidables. Había hecho un tiempo estupendo para bañarnos, salir a pasear, bailar, charlar y comer. Sobre todo comer, degustar y beber habían sido nuestras actividades fetiches. Creo que me llevaba en la maleta unos kilos de más. Sinceramente, he viajado por muchos paraísos del mundo y hacía mucho tiempo que no me enamoraba de un rinconcito así. ¿Por qué no era tan fácil enamorarse de hombres como enamorarse de algunos lugares?



-¿Un mail?- - Lo miro yo y si no es del trabajo te lo dejo leer. Como hemos hecho todos estos días. A ver… Sergio nosequé... Menú degustación especial para clientes V.I.P… Gana platos gratis y demuestra que eres el mejor comensal de Barcelona… Ok te inscribo y por supuesto yo también como tu acompañante. Concurso de comida. Lo mejor para empezar una noche en Barcelona- -¿Sergio?, ¿qué haces? Devuélveme el móvil. Dejame. Quitaaa. Suelta.- -Hecho. El miércoles a las diez tenemos un concurso o nosequé en Un’Altra Storia. Un momento… ¿Sergio? ¿Un’Altra Storia? Ese es el chef italiano que tanto te gusta. Y te estás poniendo roja. Dios te gusta de verdad. Te gusta tanto que dejarías que metiera su polla por aquí- -Jim, por favor no me toques la vagina que tengo cuarenta y dos años- -Sergio y Beth. Pues sueña bien. Vamos a ver si tiene web el restaurante y miro la foto- - No, no que tú eres muy criticón con las camisas, los colores que son para el día y para la noche, los pantalones estrechos o anchos...-


Mientras tanto a dos horas largas más al sur:


Oh! Beth me ha contestado. Se ha apuntado a la reserva del nuevo menú degustación. Sonreí. Abrí la página y vi los datos, un momento… Será zorra, se ha apuntado con un tío. Jim se llama ese desgraciado. ¿Qué nombre es ese? No, si sus padres se creerán muy modernos en ponerle un nombre guiri. ¡Ostia si es neoyorquino! Dios, es Beth. Quiero decir es el novio de Beth. Joder, joder, joder. Soy un puto desgraciado. No voy a follar ni en diez años. En el tinder no me hacen puto caso, en mi lugar de trabajo me enamoro de dos y escojo la que tiene puto novio. Un novio yanqui que seguro que está mazado y yo que tengo una barriga como mi abuelo. Habrá un día que no me pueda abrochar los zapatos de la asquerosa barriga que tendré. Mírame, si soy clavadito a él. Puta genética. Me voy al gimnasio para hacer pesas.

-Buenos días jefe- dijo Gina.

-Encargate tú. Voy al gimnasio-

Tengo dos días para ponerme mazado y reventar al tonto ese. Beth es para mí. Joder con lo que me ha costado decidirme. Bueno ¿a quién quiero mentir? todavía no estaba decidido. Les he enviado la invitación a las dos y dije: a la primera que me responda. Pero ahora me sabe mal elegir a Érica. Sería como un segundo plato. Bueno segundo tampoco, porque a todo esto, no he catado a ninguna de las dos. Bueno que digo dos. Llevo tres meses sin follar. Eso es lo que me está volviendo loco. Tres meses. Eso es una barbaridad.

-Gina. Necesito que me prepares una cita. A ver si todas van a tener citas y novios menos yo. Érica cada día con uno. Beth con su estupendo novio de Nueva York y yo a dos velas. Pues por sus huevos que este semana follo. Que soy Sergio Rinaldi, coño. Que soy el puto mejor chef de Barcelona en cocina siciliana y sin follar. Gina. ¿Tú te lo crees? Porque yo no. A mi me pinchas y no sangro. Vamos hombre, un partidazo como yo, con mi casa, mi negocio, que lo mismo te hago un cunilingus que una lasagna…-

-Sergio. ¡Paraaaaa! Relájate y siéntate. ¿Ok? Y ahora empieza por el principio. ¿Qué te pasa?-

 

Érica y su odio a las deportivas.

“Alex, Alex Alex… Es perfecto. Eligió el restaurante de Sergio. Sin yo decirle nada, ni comentarle ni una palabra de un italiano que me apasiona, ni nada de nada monada. Jajaja. Sé que estoy con el subidón de una cita buena, ¿qué digo? De una cita larga y perfecta. Te cuento: vino a buscarme en coche, menos mal, porque llevaba el vestido de Marina; ya sabes, ése verde oscuro tan apretadito. Imagínate que hubiese venido en moto… puff total que vino en un coche súper bonito. Era un rollo cuatro por cuatro y de color azul klein. Lo encontré súper elegante pero no del plan cuqui, sino del plan machote. Sí tía, reconozco que me puse cachonda solo subiéndome a ese vehículo. Creo que esos coches están diseñados precisamente para éso… Él, estaba impresionante. Camisa azul cielo, pantalón beige súper elegante y zapatos. ¡Casi lloro! ¿Sabes cuántas citas llevo sin ver unos bonitos zapatos? Te juro tía que por los menos... ¡unas diez! ¿Qué le pasa a la gente con las putas bambas? A veces me entran unas ganas de quemarlas todas y enseñar a los chicos a vestirse como caballeros. ¡Joder! Este tema me toca nena, ¿tú te crees que ahora hasta los grandes diseñadores están fabricando deportivas? Y no monas y elegantes, tipo convers de colores, que las miras y piensas: “aix mis niñas que bonitas son” No, no, no. Deportivas enormes con plataforma de esas que se pondría la novia de Daddy Yankee, ¡un auténtico horror!


Llegamos al restaurante y me acercó la silla mientras me sentaba. Como te digo un auténtico galán. Me tele transporté al principios de siglo XX, donde los hombres van con traje y sombrero, y las mujeres con vestido y zapatos. Sin duda, la moda perfecta para mí. PUTAS BAMBAS... Nuestra conversación fue amena y muy divertida, y lo mejor tía: ¡le encanta la comida!. Estuvimos hablando de vinos, de nuestra comida favorita, de los trabajos, de nuestras aficiones y nena es un auténtico Hombre con mayúsculas. Descubrí que Alex y yo tenemos mucho en común. Nos gustan los mismos detalles de la restauración y coincidimos en vinos que a ambos nos vuelven locos. No quería emocionarme pero mi imaginación ya iba cinco pasos por delante. Me veía viviendo con él, viajando a su lado, criticando a la gente que vestía mal y riéndonos de nuestros chistes y bromas. Creo que con él podríamos tener muchas frases y anécdotas lingüísticas que solo entendiéramos nosotros. Echo mucho de menos éso en una pareja. Y sabes que con mi ex, teníamos miles… (momento ñoño) dos segundos (momento ñoño acabado) Alex es guapo, apuesto, tiene conversación, tiene elegancia nata; ufff ¡estaba deseando descubrir como era mi caballero en la cama! Aunque nena, no las tenía todas conmigo de que alguien tan aparentemente perfecto, no fuera un fracaso sexual.


Tía, aquí hago un punto y a parte. Al despedirnos de Sergio, tuve “un momentito con él”. Me acerqué a darle dos besos y se me paró el mundo. Por un instante me envolvió una fragancia de Azahar. Ya sabes que tengo un efecto leona ante ese olor. Mi cuerpo y mi mente vuelan a un paraíso sexual donde todo es pasión, excitación y placer. Puff nena, por un segundo pensé en Sergio de manera muy sexual. Supongo que Marina ya te ha explicado que me lo encontré en el Quimet. Son sensaciones raras, te confieso que a veces me sorprendo pensando en él. Pero supongo que es porque tenemos mucho en común y porque le admiro como profesional de la cocina. Mi momentito no duró más que unos segundos. No podía dejar de lado a mi galán. Me recuperé y el pobre Alex habló de su perfume. El cuál no es exactamente de mi agrado. Es demasiado fuerte para mí. No digo que huela mal, simplemente creo que aquella noche se echó en exceso. Pero a parte de ese detalle es un perfecto caballero, y encima original.


Salimos de Un’altra storia y Alex me propuso caminar un poco. Yo llevaba unos tacones pero eran bastante cómodos así que le seguí con mucho ánimo. No tenía ni idea de hacia dónde nos dirigíamos, pero fue un paseo muy agradable y bastante revelador. No sé si a causa del vino, del chupito que nos había dado Sergio, o del feeling que había entre nosotros, pero se volvió un paseo muy sexy. Empezamos a hablar de las redes sociales, de nuestras parejas anteriores y hasta de nuestras experiencias sexuales. Modo cotilla on: (Se desvirgó a los dieciocho con su novia del instituto, estando juntos hasta los veinte. Ha tenido tres novias formales y todas han vivido con él. No le da miedo el compromiso, pero cuando la gente se acomoda en una relación y se acostumbra a la rutina, a él le entra mal rollo. Piensa que hay que cuidar la relación y sentirse tan emocionado como el primer día) Realmente es mi hombre, sabes que yo opino exactamente lo mismol. Mi emoción subía a la vez que mis pensamientos. En mi cabeza ya estábamos teniendo hijos… Llegamos a nuestro destino que era la famosa heladería DelaCrem en Enric Granados, como sabes una calle muy románica para pasear. Pedimos un par de helados descubriendo que nuestro sabor favorito era el nocciola. Otra sorpresa que me dejaba con la boca abierta. La gente suele tener mucha manía a los helados de frutos secos, tú misma los odias, dices que es lo más asqueroso del mundo; menos mal, amiga mía, que no tengo que salir contigo… Mientras desandábamos el camino para llegar al coche yo lo miraba de reojillo y me encantaba lo que veía. Tenía muchas ganas de descubrir lo que había debajo de esa camisa tan divina.


Llegamos al cuatro por cuatro y yo no podía dejar escapar la ocasión de besarle. Mi pasión salía de mi cuerpo y mis labios actuaron sin mi permiso. Me acerqué a él y sin decir palabra le besé. Fue un momento muy dulce. Le rocé los labios un segundo. Él me cogió de la cintura, me atrajo hacia sí y me dio un beso húmedo, salvaje, largo y perfecto. Yo le cogí del cuello mientras él empezaba a darme besos detrás de la oreja. Su mano bajo hacia mi trasero y él me dijo con voz ronca: vamos a mi casa, allí tengo una primera edición de un libro que te encantará. Se llama “Soledades…” “…Galerías. Y otros poemas. Antonio Machado” Acabé yo la frase y me tiré a sus brazos. No puedo recordar cuanto tiempo estuvimos besándonos apoyados en aquel coche. Parecía que fuésemos a llegar a casa y a comernos enteros. No fue así. Yo, Érica Aguilar-Priego de Torres (sabes que tengo unos apellidos para ser mínimo condesa) reconozco que me moría de ganas de follarme salvajemente a Alex. Pero, no quería que fuera una cita más, no quería que todo se acabase rápido y quedarme con la incertidumbre de qué pasará mañana. El pensar ¿me llamará? ¿No me llamará? Lo siento tía, pero era un chico muy especial y nos merecíamos una cita extraordinaria. Así que reculé. Por primera vez en mi vida mi razón ganó a mis deseos y cambié de opinión. Conseguí sacar la lengua de su boca y le dije: “Sé que quizás me arrepienta toda la vida de esto, pero he cambiado de opinión. Te quiero llevar a un sitio muy especial de Barcelona. Allí voy a pensar, a pasear, a olvidarme de todo… Sé que sueno un poco ñoña y entendería que me dejases en casa y que no me volvieses a llamar, pero me apetece mucho enseñártelo” A todo esto él me contestó: “Érica, entra en el coche y pon la dirección de ese sitio tan emocionante para ti. Espero que valga la pena” acabó la frase señalándose el paquete y sonriéndome. Te lo juro tía, su pene estaba gordo y grande. Suspiré, me metí en el coche y me lo llevé a la Font D’En Fargues.


Sabes que adoro ese barrio. Tiene tanta historia. Alex, siendo de Barcelona, no lo conocía. Le expliqué las fiestas y eventos que ocurrían allí a principios de siglo XX. Y empecé a delirar con la burguesía de esa época. Lo pasamos en grande charlando, riendo y hasta debatiendo de política y de historia. Monarquía ¿pro o en contra? Tuvimos un gran charla sobre el Comunismo ruso y las guerras mundiales. Opiniones varias sobre las guerras civiles de algunos países y sobre el Capitalismo; sabes que es un tema que me fascina. Tuvimos noche para casi arreglar el mundo. De hecho inventamos un nuevo sistema de gobierno para intentar equilibrar la pobreza de este planeta. Eso es un tema que te explico otro día… (Reconozco que tiene bastantes flecos) Estuvimos paseando por el barrio y acabamos en el paseo Maragall. Cuando era pequeña sabes que yo iba al colegio cerca de allí y había una casa abandonada que nos daba un miedo brutal. También le enseñé ese rincón de Barcelona. De repente empezó a escalar la valla y la saltó. Me quedé bastante asombrada. Me abrió la puerta de la verja y me dio la mano para entrar en el jardín. En mis años de adolescencia, nunca se me hubiese ocurrido entrar allí, reconozco que me daba mucho miedo y ahora, años después, debo decirte que tenía un poco de cosilla… Alex me empezó a hablar como un caballero medieval, y yo le seguí el juego. Había un columpio en el jardín bastante oxidado y yo corrí a sentarme y a recordar mis años de niña pequeña. Había pasado de política a niña de trece años en cuestión de media hora. Entonces él me paró. Me miró con esa mirada que ponen los chicos cuando están excitados, y volví a ser la Érica pasional de hacía unas horas. Nos besamos y me cogió en brazos. Me tiró al suelo y me penetró allí mismo. No recuerdo cuando se había puesto el condón, pero no me importaba. En lo único que pensaba era en el placer que me producía Alex. Supongo que mi cuerpo no estaba muy acostumbrado a esperar y mi orgasmo explotó enseguida. Él sonrió y me abrazó. Empezó a moverse encima mío jugando con mi vagina de forma muy excitante. Enseguida se corrió él también. Después del primero vinieron varios orgasmos más. Me sentía muy bien con aquel hombre. Nos quedamos abrazados y dormidos durante una hora. Me desperté y pensé: “aquella casa nunca más me dará miedo”


Al salir de allí le propuse ir a desayunar al Quejio. Un típico del barrio donde los bocatas de chapata tienen un sabor muy especial. Cena, helado de nocciola, paseo, charla histórico-política, sexo, bacon/queso… Aquella cita se estaba convirtiendo en una auténtica película romántica “


-¡Nenaaaa, Éricaaaa!-


“Guapi lo siento mucho pero te tengo que dejar que se ha despertado. Como en las buenas películas hay un paso para el intermedio. No cambies de canal. Te cuento pronto el resto. Besitos.”


-Coño un audio de Érica de 12.45 minutos. Pero que raro. Es de hace media hora. Estamos a lunes y su cita fue el viernes… ¿Qué habrá pasado?-

-Audio de Marina de 16 minutos. Vaya ya tengo faena a la hora de comer… -