viernes, 7 de enero de 2022

Recuerdos.

Beth se sentó en el sofá, suspiró y le invadió una sensación agridulce. Habían pasado tres días desde su desastrosa “no cita” con Sergio. Era domingo, cinco de la tarde y todavía no sabía nada de él. Eso le cabreaba. Ella nunca ha sido demasiado de llorar por los hombres pero tampoco le gusta quedarse a medias. ¡¿No le iba a dar ni una explicación?! ¿El primer chico que le gusta en varios años y resulta que es un auténtico capullo? Se negaba a creerlo. Sonó el teléfono. Seguro que es Jim enviándole fotos de su ciudad, en estos momentos, la echaba mucho de menos. Si estuviera allí se pondría sus tejanos y sus botas y saldría a pasear por Central Park. Iría al mítico café Sabarsky a tomar la auténtica tarta de chocolate austriaca; si estuviera muy concurrido, cruzaría el parque y se dirigiría al Parliament Espresso. Allí el camarero siempre le hacía un sitio en la barra. Benjamin la espera los domingos con una taza enorme de auténtico café italiano. El día que faltaba, él le enviaba un mensaje: “Te espero hasta las siete. Mi turno acaba y tengo una cena” o “Mi morena guapa ¿Hoy se ha pasado al te?”. Le gustaba ver los ingeniosos mensajes que Benjamin le enviaba cada domingo por la tarde. Al principio reconoce que había coqueteado un poco con él, luego había tejido un hilo de extraña amistad y finalmente se había convertido en su segundo amigo más íntimo de Nueva York. Cerró los ojos y se dejó embriagar por los olores de su ciudad. Era otoño, empezaba a hacer frío. No bastaría con una chaqueta, se tendría que poner un abrigo y un pañuelo en el cuello. Sonrío. Por primera vez en aquel domingo se sintió feliz. “Siri, reproduce los mensajes”. No vio momento más ideal de oír la voz de Jim contándole sus peripecias neoyorquinas.


Beth, buenas tardes…” Lo que escuchó le dejó petrificada. “… Soy Sergio. Te pido mil disculpas por no dar señales de vida hasta ahora. Me he marchado unos días de viaje y acabo de volver. Después de la cena, toda la presentación a la premsa y las fabulosas críticas he necesitado irme unos días para descansar y asimilar el nuevo éxito del restaurante. Esto es muy grande para mí, no sabía muy bien cómo gestionarlo… Voy a parecer un niño que no sabe qué hacer cuándo consigue lo que quiere. Te reitero mis disculpas. Si te apetece he reservado para una auténtica cena Neoyorquina. El sitio se llama MeatPacking Street Food. Es nuevo pero suena bien. Te paso a buscar a las ocho y media. Dime algo por favor, y si decides no contestar para hacerme una venganza muy merecida, te ruego que no lo hagas. Soy un chef que no sabe gestionar los éxitos pero menos los fracasos”


Beth se rió. Mentalmente ya estaba repasando su vestidor antes de que acabase el mensaje. Eligió un vestido de flores pequeñas con unas botas marrones. Era casual e informal. Iba a acudir a la cita pero se lo iba a poner bastante difícil. Se moría de ganas de verle, de besarle, de descubrirle pero por fuera sería un tempano de hielo. De hecho cogería su tablet y le haría las propuestas que se le habían ocurrido la noche del jueves. Si todo salía bien, a parte de placer, habría conseguido un buen negocio esa noche.


Llamo a Jim y le explicó lo ocurrido. Él cerró la conversación diciendo: “Te debe de gustar mucho Sergio, no me equivocaba, ¿Te acuerdas lo que pasó con Mike? “ Ella frunció el ceño al teléfono: ”¿Me vas a recordar a Mike durante cien años? ”. Mike fue el último tipo que la dejó plantada. Estuvo un año, sí, sí doce meses detrás de ella hasta que Beth accedió a darle una nueva cita. Tuvieron un rollo de unos meses, pero Beth no acababa de estar a gusto con él. “Supongo que en el fondo no le quería” gritó al teléfono mientras se ponía el rimmel. Se abrochó las botas y mientras estaba eligiendo bolso llamó Sergio. Uau… llega quince minutos antes. La noche promete.



Elisabethshue@gmail.com

Jimcarrey@gmail.com

Asunto: Cita Sergio.


Querido Jim,


Son las siete y media la mañana y ya estoy en la oficina. He dormido a penas tres horas, me he duchado y me he decidido a venir aquí para saborear el silencio y la tranquilidad que se respiran a estas horas en Barcelona. También debería adelantar papeleo… Hoy empieza Érica, la chica que estaba en la cena y me decidí a contratar. Tengo que hacerle una presentación de la empresa, enseñarle los proyectos, que conozca al personal y todos los absurdos protocolos que se disponen para el primer día. Confío en que lo hará bien y no le será demasiado pesado. Hoy estoy para meterme en la cama y dormir diez horas. Yo sí que voy a tener que tomarme cinco cafés para aguantar este largo día… Vuelvo a lo importante.


Ayer Sergio estaba arrebatador. Camisa azul claro, pantalón marino, zapatos y un ramo de tulipanes en la mano. ¿Tulipanes? Son raros para una primera cita pero son bonitos. Fuimos a cenar a un sitio muy original. Era como si todos los sitios grasientos y cutres de Nueva York los hubiesen mezclado, mejorado y los hubiesen plantado en medio de la ciudad condal. Era un restaurante chic donde comes hamburguesas con patatas, alitas de pollo y costillar de cerdo. Todo muy bien preparado y con platos súper bonitos. Yo no acabo de pillar el concepto pero Sergio me explicó que era la excusa perfecta para que te pudieran cobrar veinte euros por una hamburguesa. Supongo que soy neoyorquina de corazón porque las hamburguesas grasientas las prefiero comer en Napkin Burguer que no en el Palace Burger.


La comida estuvo rica aunque no era mi estilo... Siempre reconoceré el esfuerzo que hizo Sergio para buscar algo muy Nuevo York. De hecho, gran parte de la conversación giró en torno a nuestra ciudad. Él nunca ha ido y me preguntó miles de cosas. La verdad que me lo pasé genial hablando de N.Y. Le conté anécdotas, hablamos de locales, restaurantes, discos de moda y aproveché para presentarle mi proyecto. Saqué la tablet y nuestra cena íntima se convirtió en una conversación de negocios durante más de media hora. Éso, Jim, fue mi verdadera venganza. Quitarle las ganas de coquetear durante un rato, olvidarse de mí como una chica y ver el proyecto de lo que podría ser su futura vida. Bueno, ya sabes, venganza entre comillas, porque con su talento y mi cerebro, calculo que en unos cinco años podría ser el mejor chef del mundo.


Sergio se quedó abrumado de tanta información. Pagó la cuenta y le dije de ir a tomar una copa. Guardé la tablet y le prometí no más negocios durante esa noche. Él se relajo y empezó la cita de verdad. Después de mi ciudad, su trabajo y nuestras familias ataqué con el tema “relaciones”. Tenía mucha curiosidad por conocer algo de la vida amorosa de ese hombre. Para abrir boca comenté lo difícil que era conocer gente auténtica, comprometida e inteligente. Él me explicó sus últimas cenas y nos reímos con sus citas más divertidas. Yo le deseaba Jim, no te imaginas cuánto. No podía dejar de mirar sus labios y su camisa apretada que dejaba marcar un cuerpo muy bonito. Ufff, estaba a mil. En ese momento, justo cuando acabó de decir no se qué de su cita, se acercó lentamente a mí y nos besamos. Fue un momento mágico, el tiempo se detuvo. Sus labios sabían al amargor de la tónica. Los míos a la dulzura del zumo de melocotón. La mezcla era deliciosa y excitante. No recuerdo ninguna conversación más. De hecho creo que no nos dijimos nada desde el bar a mi casa. Todo eran besos, caricias, miradas y deseo, mucho deseo.


Llegamos a mi casa y nos desnudamos por todo el pasillo. La pasión nos hacía de guía, solo quería besarle, disfrutar de toda su piel, impregnarme con su olor y descubrir su sabor. Quería que su boca no se apartase de mis pechos. Que me pellizcase los pezones y que no parase de jugar con su lengua. Cuando llegó a mi sexo aluciné Jim. Fue las mejores embestidas que me han dado en toda mi vida. No sé si soy muy racional, o es que me embarga todavía la pasión de la noche, pero creo que este polvo no la olvidaré en mucho tiempo. Fue prácticamente perfecto. Imagínate como estaba de satisfecha y de feliz que hasta le dejé quedarse a dormir. Me acurruqué en sus brazos y me sentí en el séptimo cielo. Continuamos nuestra conversación hasta bien entrada la madrugada. Jim, confieso que me gusta mucho Sergio. Dormimos acoplados como hacía tiempo que no me pasaba con nadie; piel con piel, brazo con brazo…. Lo pienso y tiemblo. Lo tiene todo: un cuerpo muy bonito, talento, inteligencia, saber estar, modales… ¿Crees que estoy pillada? Sé que lo que voy a decir va en serio. Diga lo que diga en los siguientes mails, éste es el de verdad. Quiero que Sergio y yo empecemos algo. No voy a decir “una relación estable”. Sabes que siempre que digo esta palabra, la fastidio y no sale bien. Así que diré “algo”. Algo divertido, curioso, extraño, romántico, apasionado. Algo breve o largo pero sea lo que sea, por favor, que sea auténtico.

Besos grandes,


Beth.



 

miércoles, 5 de enero de 2022

La pasión de Érica por el lemon curd.

Érica no recordaba haber dormido tan plácidamente en su vida. La almohada era más blanda de lo habitual, el colchón más firme, los brazos que le cogían más fuertes….


Un momento” pensó mientras abría los ojos. “Joder, pero si no estoy en mi cama. ¿Dónde estoy?” En ese momento le vinieron flashes. Ella en el bar, con Pol, dando un discurso como una auténtica sufragista; mapa, casa de Sergio, timbre, ascensor, pene, sofá, manta y cama…. ¡No! En su vida se había sentido tan avergonzada. Quería volverse a dormir y no despertar hasta el día de su jubilación. Entonces sería tan vieja que ya habría perdido hasta la conciencia. Se giró muy lento. Le observó. Joder que guapo es. Su mano tuvo vida propia y se dirigió hacia el pelo de Sergio acariciándole muy suavemente.


-Buenos días- dijo él con una sonrisa casi perfecta.

-Buenos días- respondió Érica con cierta timidez.

-¿Café?- Preguntó Sergio.

-Sí, por favor- dijo ella con una voz angelical.

-Yo café, tú al baño. Ponte esa sudadera y esos pantalones que ya no me valen. Te irán grandes pero estarás más cómoda-

-Vale, gracias por no ofrecerme una camisa de fuerza… - dijo saliendo de la habitación tapándose la cara con la toalla.

-Eso te lo reservo para después del desayuno-


No recordaba cuanto rato llevaba en el baño. Se negaba a salir. Quería disfrutar de un minuto más de soledad y silencio, después de la ducha tocarían las explicaciones. ¿Qué coño le iba a decir? “Nada, te piqué porque me pareces el tío menos gilipollas y más interesante que conozco, además creo que si te gusta la comida no puedes ser un imbécil, ¿o sí?” Absurdo. Suspiró, abrió la puerta del baño y le embriagó un delicioso olor a cruasán recién hecho. Cómo un ratoncito fue siguiendo el aroma por el pasillo hasta llegar a la cocina. Lo que vio le provocó que por unos segundos su vergüenza se borrara. Sergio había montado una auténtica mesa de desayuno, y encima, en la terraza. Había cruasán, zumo, café, leche, fruta, mermelada, mantequilla y Lemon curd. ¡Le encantaba! Se iba a untar todo el puto cruasán con esa crema tan deliciosa.


-A la mesa- gritó Sergio.


Ella como una niña pequeña obedeció y empezó a comer todas las cosas maravillosas que le había preparado.


-Bueno, me toca hablar- Sergio la miró atentamente con sus grandes ojos.

-Mira, ayer… Bueno… para empezar me emborraché. Tuve un muy mal día. Descubrí cosas de Alex-

-¿Alex? ¿Quién es?-

-¿Quién es Alex, dices? Bueno, es un tío con un problema… Da igual. El tema es que teníamos algo y ahora no. A parte lo conociste, fui a cenar a tu restaurante con él hace unos días. Bueno, no es importante-

-Mmm. Ah! Lo recuerdo. ¡No pidió postre!. Perdona Érica, pero no te pega un tío que no pida postre.-

-Pol tampoco lo pidió-

-Touche- Sergio sonrió. -Está claro que Pol tampoco es tu hombre ideal-

-Lo sé...- dijo ella recordando su terrible cita. -Bueno, pienso que... no si existen los hombres ideales. Me conformo que nos respetemos, que nos queramos tal y como somos y que tengamos la misma visión de la vida-

-Buen plan. ¿Pero entonces por qué llamaste a mi puerta?-

-Es cierto, tengo que pasar por el purgatorio. Ejem,ejem. Creo que eres el chico menos gilipollas y más interesante que conozco. Además, si te gusta la comida no puedes ser un imbécil del todo ¿o sí?-

En ese momento no le pareció una frase tan absurda. Sergio la miró, sonrió y se levantó corriendo.


-Cierra los ojos Érica-


Ella lo hizo. Dejó que el sol y el aire le acariciaran la cara. Este tiempo de otoño era ideal para estar al aire libre. Los rayos del Sol ya no te quemaban, la brisa todavía no era demasiado fría. Se acomodó en la silla tirando la cabeza hacia atrás y casi le dio una sensación de estar en el paraíso. Pensó que podría vivir en esa casa. Era como si todos los momentos que pasaba allí fueran como un Spa. Ahora mismo podría dormirse en esa silla tan bien como había dormido en la cama de Sergio. ¿Era eso normal?

-Abre la boca- Él la interrumpió de sus pensamientos. -Pero sin abrir los ojos-

Érica experimentó una sensación indescriptible. Era suave, cremosa, una especie de mayonesa, pero con algo más fuerte. ¿Rábano? Sí era rábano. Mayonesa de rábano pero con algo más, algo picante. No sabía qué era pero estaba deliciosa.


-Uau. Está buenísima.-

-Sí, ¿de verdad te gusta?-

-Claro, mayonesa de rábano es súper original. ¿Para qué la utilizar? ¿Con qué maravilla la vas a mezclar?-

-Aún no lo he pensado… A parte si te lo dijera ¿dónde se quedaría la sorpresa?-dijo Sergio con un toque de misterio. Estaba segura que ya tenía el plato pensado y requete estudiado. En su profesionalidad Sergio era intachable.


Acabaron de desayunar con un momento de silencio nada incómodo. Érica volvió la sentir la paz que le producía esos muros. ¿En qué estaría pensando él? Ella tenía unas ganas locas de acostarse con Sergio. Miraba de reojo su cuerpo y el calor subía a sus mejillas. De repente no había más que Sergio, su lemon curd, cruasán, mayonesa de rábano picante… ¿Podría haber algo más excitante en la vida?


-¿Tienes algo que hacer hoy?- le preguntó Sergio.

-Creo que es el momento de que ya emigre a mi choza-

-No, no quería decir eso. Digo que si trabajas o algo...-

-Hoy no trabajo, de echo hasta dentro de tres días no vuelvo. Me debían unos días de vacaciones y...-

-Vale. ¿Cuánto tardas en cambiarte de ropa?-

-¿Unos quince minutos?-

-De acuerdo. Pues vamos, cogemos el coche te llevo a tu casa y te espero abajo. Señorita Érica, si has alucinado con la mayonesa de rábano. Prepárate para experimentar muchos nuevos sabores y olores-



Érica coge el teléfono, coño. Mierda, contestador. “Érica querida ¿cómo estás? Lo último que sé es que te fuiste casa de Sergio. ¿Llegaste a entrar? ¿Le diste la chapa y te echó de casa? ¿Te acostaste con él? ¿Te ha llamado Álex? Señorita a mí me ha dejado veinte mensajes. Le tienes loco. ¿Le vas a perdonar? Bueno llámame cuando oigas esto. Por cierto Pol y yo ya hemos perdido la chispa, ya sabes que después de cuatro polvos no tenía nada más que experimentar con él. Por cierto he pasado la noche con un alemán de veinte nueve años que conocí en el bar. No paraba de decir “Fick mich” que supongo que es dame,dame… Bueno llámame y te cuento”



Sergio soy Elisabeth, bueno Beth. La ganadora de la cena de ayer. Por cierto, estuvo increíble. Gran noche, gran cena. ¿Has visto las críticas? Son maravillosas. Perdona que te moleste pero tu teléfono me lo ha dado Gina. Quería felicitarte y ofrecerte una cena esta noche en mi piso. Me ha costado pero ya tengo uno. Llámame y te paso ubicación. No seré tan buena chef como tú pero espero sorprenderte.


Beth se quedó esperando toda la noche solo con la compañía de un delicioso cordero al horno con mermelada de pera. Fue la cita más desastrosa que recordaba. A la una y media se fue a la cama, abatida, derrotada y enfadada. No con Sergio, si no consigo misma por no haber tenido la paciencia de recibir una contestación. ¿Se pensaba que era una especie de Diosa que nunca sería rechazada? Se había puesto a cocinar como una loca, sin pensar en la posibilidad de un no por respuesta. ¿Cuántas cosas, o mejor, cuántas personas querían ver hoy a Sergio? Lógico que ni siquiera él contemplase su propuesta. “Dios mío, me gusta mucho Sergio” A la una y treinta y tres de la noche se dio cuenta que no quería más citas sin que fuesen con él.


Marina recibió un solo mensaje de Érica: “Todo ok. Ya te cuento” Miró el móvil alucinada. “Vale, disfruta de tu historia” le contestó. “Querrás decir de Un‘Altra Storia” Marina se rió. Bien hecho.


Y es que lo que pasó al final con Érica y Sergio es “Un‘Altra Storia”.


 

lunes, 3 de enero de 2022

Sergio y su zona de confort.

Sergio volvió a casa sin María. Estaba cansado después de una noche tan dura y no sabía si iba a ser capaz de satisfacerla como ella se merecía. Pensó que el esfuerzo le había dado la mayor recompensa de su vida. Mañana miraría la prensa, ya que sin saberlo, aquella noche, había servido a cuatro críticos culinarios. Se sentaron en la número ocho. Nunca le había gustado demasiado esa mesa. Quedaba al lado de la pared y cerca de la entrada a la barra. Cosa que era bastante incómodo tanto para el comensal como para los camareros. “Si empiezo a ganar fama en Barcelona, haré reformas” Pensó mientras se lavaba los dientes. Gina y Paola habían estado geniales esa noche. Les dio un sobre con dinero extra que casi se niegan a coger. Decían que era su trabajo y que la satisfacción de ver a la gente comer bien y ser feliz era suficiente. Él insistió, sabía que a parte de que lo necesitaban, se lo merecían con creces. Aguantarle a veces es un suplicio. No se considera mal jefe, pero estaba pasando un momento personal raro; a veces estaba tan distraído que dónde no llegaba él, llegaban ellas y eso bien se merecía una recompensa económica. Se acostó pensando en los comensales de esa noche. Beth, su bonito vestido rojo, su sonrisa de absoluta ganadora. Se excitó solo de pensarlo. Érica, su timidez arrebatadora, su chispa. Aunque hoy notaba que algo le había pasado. No estaba como siempre, más triste, menos jovial, más callada… Beth y su malentendido con el supuesto Jim. ¡Qué vergüenza! Él poniéndose celoso y era un amigo de su ciudad natal, Nueva York. Habló un rato con él y le pareció muy buen tío. Se hizo una foto con ella, por ser una de las dos ganadoras del concurso culinario. Sacó el teléfono, tapó a la segunda ganadora y sonrió viendo la imagen de Beth junto a él. ¿Algún día se hará realidad? Deslizó su índice por todas las fotos que sus trabajadoras habían hecho de la velada. Se descubrió buscando a Érica. Aquí está. Su expresión era seria, sus ojos fríos y en ninguna instantánea sonreía. Volvió a la primera foto. ¿Érica o Beth? Al final haría lo que Paola le había aconsejado. Quedaría con las dos. Por separado, claro está. Su mente volvió a irse a a esa cama enorme, que últimamente era su sueño erótico más recurrente, donde las dos eran para él. Dejó de pensar en eso y decidió empezar su plan de decidirse por alguna de las dos.


Miró la foto y vio a la otra ganadora de la noche: Clementina Buenavista. La crítica más cruel y legendaria de Barcelona. Muy poca gente le había visto la cara, es uno de los tips de los críticos. Vaya sorpresa sería si fueras a cenar de incógnito y todo el mundo te conociera. Él no tenía ni idea de quién era, Paola tampoco; esta vez le salvó la vida María, la tetona. Ella tenía un extraño radar de conocer gente interesante en fiestas, eventos o conferencias en las que casualmente siempre estaba presente. María fue corriendo a la cocina y con sus ojos grandes le dijo: “¿Sabes por casualidad quién está sentada en la mesa de al lado de la barra? Clementina Buenavista” No esperó respuesta, le explicó toda la parrafada y Sergio se encargó de que los mejores platos fueran directamente a esa mesa. Ya que no les podía cambiar de sitio, al menos comerían lo mejor. Si la crítica era buena, tendría que quedar con María para agradecérselo. Pensó en sus enormes y jugosas tetas. Se empezó a tocar.


Entre el tan placentero sube y baja de su mano se oyó el timbre de su puerta. Él hizo caso omiso y siguió con su balanceo. Cuando por cuarta vez se escuchó el ring, él se levantó medio enfadado, con el pene erecto y sin pantalones. Abrió la puerta maldiciendo:


-Serrgiooo, bnas noxxxes. Xieeennto molestarrr. Estoyyy yyyo alllgooo bebiiiidddaaa….. Ostiaaaa ¿Vassss sinn panntalonessss?-


Érica se tapó los ojos con las manos. Dios que vergüenza. ¿Qué hacía allí? ¿Porqué iba borracha?


-Pasa, te haré un café y me pondré pantalones-


Casi no podía andar, así que la cogió en brazos y la tumbó en el sofá. En tres segundos se quedó dormida. Él se hizo un café solo, se puso los pantalones y se quedó contemplando esa belleza tan poco común que dormía en su sofá. Daba la impresión de no haber dormido en cien años. Estaba muy a gusto apoyada en sus cojines amarillos de Ikea. Verla daba paz. Pero y ahora ¿qué hago?.


-Pol, perdona que te moleste, ¿estás ocupado?-

-No tío dime-

-Me podrías explicar porqué tengo a Érica en mi sofá-

-Ah sí tío perdona. Mira, me la encontré en el bar que está al lado de tu restaurante. Iba bastante taja. Y estaba como una loca criticando a los hombres, a las drogas y a esta sociedad… No sé, un desastre. Y no va la tía, que en cuánto me ve, me dice que le diga donde vives. Que tú eres el único hombre que merece la pena. Que tenías no sé que rollo de sensibilidad con las verduras, pues que también lo tendrías con las mujeres… O algo así, bueno, que no la entendía muy bien-

- Vaya, eso dijo… Y ¿tú le diste mi dirección?-

-Sí tío. Pero que si se pone muy mal la echas y punto. Que se apañe. Pensé que si estabas solo te podría hacer buena compañía. Que sabes que hace unas cosas con la leng...-

-Calla, calla. Ok. Bueno se ha quedado dormida. Pero no la voy a echar tío, pobrecita. Que duerma y ya hablaremos mañana.-

-Vale mañana me cuentas-



Sergio volvió a la cama. Eran casi las dos y estaba muy cansado. Se acostó y oyó unos ruidos. Se levantó de nuevo y encontró a Érica buscándolo. Con los ojos medio cerrados y el vestido torcido se le abrazó y le susurró al oído: ¿Puedo dormir contigo?. Él la guió hasta el cuarto y le acompañó a su lado de la cama. “¿Me puedes quitar el vestido? En una cama con un hombre siempre se tiene que dormir desnuda, pasen cosas o no” Él obedeció sus órdenes sin pensarlo demasiado. Pudo ver un cuerpo pequeñito pero muy bonito. Todo estaba en su sitio, no destacaba nada en particular pero el conjunto era tan bonito como para que su juguetón pene volviera a erguirse. “Ahora no” Pensó mirando hacia abajo.


En cuanto se acomodó en su lado, Érica se giró y se apoyó en su pecho. Él le besó imperceptiblemente en su cabeza y se quedó pensando en cuánto tiempo hacía que no dormía acompañado con una mujer acurrucada en su pecho. No se dio cuenta de cuánto lo había echado de menos. Sentir el calor, la piel, la respiración de otra persona en tu torso es el mejor somnífero que alguien puede tener. Cerró los ojos y se durmió con una tranquilidad como hacía tiempo que no sentía. ¿Sería ésa la señal que Sergio necesitaba?