viernes, 7 de enero de 2022

Recuerdos.

Beth se sentó en el sofá, suspiró y le invadió una sensación agridulce. Habían pasado tres días desde su desastrosa “no cita” con Sergio. Era domingo, cinco de la tarde y todavía no sabía nada de él. Eso le cabreaba. Ella nunca ha sido demasiado de llorar por los hombres pero tampoco le gusta quedarse a medias. ¡¿No le iba a dar ni una explicación?! ¿El primer chico que le gusta en varios años y resulta que es un auténtico capullo? Se negaba a creerlo. Sonó el teléfono. Seguro que es Jim enviándole fotos de su ciudad, en estos momentos, la echaba mucho de menos. Si estuviera allí se pondría sus tejanos y sus botas y saldría a pasear por Central Park. Iría al mítico café Sabarsky a tomar la auténtica tarta de chocolate austriaca; si estuviera muy concurrido, cruzaría el parque y se dirigiría al Parliament Espresso. Allí el camarero siempre le hacía un sitio en la barra. Benjamin la espera los domingos con una taza enorme de auténtico café italiano. El día que faltaba, él le enviaba un mensaje: “Te espero hasta las siete. Mi turno acaba y tengo una cena” o “Mi morena guapa ¿Hoy se ha pasado al te?”. Le gustaba ver los ingeniosos mensajes que Benjamin le enviaba cada domingo por la tarde. Al principio reconoce que había coqueteado un poco con él, luego había tejido un hilo de extraña amistad y finalmente se había convertido en su segundo amigo más íntimo de Nueva York. Cerró los ojos y se dejó embriagar por los olores de su ciudad. Era otoño, empezaba a hacer frío. No bastaría con una chaqueta, se tendría que poner un abrigo y un pañuelo en el cuello. Sonrío. Por primera vez en aquel domingo se sintió feliz. “Siri, reproduce los mensajes”. No vio momento más ideal de oír la voz de Jim contándole sus peripecias neoyorquinas.


Beth, buenas tardes…” Lo que escuchó le dejó petrificada. “… Soy Sergio. Te pido mil disculpas por no dar señales de vida hasta ahora. Me he marchado unos días de viaje y acabo de volver. Después de la cena, toda la presentación a la premsa y las fabulosas críticas he necesitado irme unos días para descansar y asimilar el nuevo éxito del restaurante. Esto es muy grande para mí, no sabía muy bien cómo gestionarlo… Voy a parecer un niño que no sabe qué hacer cuándo consigue lo que quiere. Te reitero mis disculpas. Si te apetece he reservado para una auténtica cena Neoyorquina. El sitio se llama MeatPacking Street Food. Es nuevo pero suena bien. Te paso a buscar a las ocho y media. Dime algo por favor, y si decides no contestar para hacerme una venganza muy merecida, te ruego que no lo hagas. Soy un chef que no sabe gestionar los éxitos pero menos los fracasos”


Beth se rió. Mentalmente ya estaba repasando su vestidor antes de que acabase el mensaje. Eligió un vestido de flores pequeñas con unas botas marrones. Era casual e informal. Iba a acudir a la cita pero se lo iba a poner bastante difícil. Se moría de ganas de verle, de besarle, de descubrirle pero por fuera sería un tempano de hielo. De hecho cogería su tablet y le haría las propuestas que se le habían ocurrido la noche del jueves. Si todo salía bien, a parte de placer, habría conseguido un buen negocio esa noche.


Llamo a Jim y le explicó lo ocurrido. Él cerró la conversación diciendo: “Te debe de gustar mucho Sergio, no me equivocaba, ¿Te acuerdas lo que pasó con Mike? “ Ella frunció el ceño al teléfono: ”¿Me vas a recordar a Mike durante cien años? ”. Mike fue el último tipo que la dejó plantada. Estuvo un año, sí, sí doce meses detrás de ella hasta que Beth accedió a darle una nueva cita. Tuvieron un rollo de unos meses, pero Beth no acababa de estar a gusto con él. “Supongo que en el fondo no le quería” gritó al teléfono mientras se ponía el rimmel. Se abrochó las botas y mientras estaba eligiendo bolso llamó Sergio. Uau… llega quince minutos antes. La noche promete.



Elisabethshue@gmail.com

Jimcarrey@gmail.com

Asunto: Cita Sergio.


Querido Jim,


Son las siete y media la mañana y ya estoy en la oficina. He dormido a penas tres horas, me he duchado y me he decidido a venir aquí para saborear el silencio y la tranquilidad que se respiran a estas horas en Barcelona. También debería adelantar papeleo… Hoy empieza Érica, la chica que estaba en la cena y me decidí a contratar. Tengo que hacerle una presentación de la empresa, enseñarle los proyectos, que conozca al personal y todos los absurdos protocolos que se disponen para el primer día. Confío en que lo hará bien y no le será demasiado pesado. Hoy estoy para meterme en la cama y dormir diez horas. Yo sí que voy a tener que tomarme cinco cafés para aguantar este largo día… Vuelvo a lo importante.


Ayer Sergio estaba arrebatador. Camisa azul claro, pantalón marino, zapatos y un ramo de tulipanes en la mano. ¿Tulipanes? Son raros para una primera cita pero son bonitos. Fuimos a cenar a un sitio muy original. Era como si todos los sitios grasientos y cutres de Nueva York los hubiesen mezclado, mejorado y los hubiesen plantado en medio de la ciudad condal. Era un restaurante chic donde comes hamburguesas con patatas, alitas de pollo y costillar de cerdo. Todo muy bien preparado y con platos súper bonitos. Yo no acabo de pillar el concepto pero Sergio me explicó que era la excusa perfecta para que te pudieran cobrar veinte euros por una hamburguesa. Supongo que soy neoyorquina de corazón porque las hamburguesas grasientas las prefiero comer en Napkin Burguer que no en el Palace Burger.


La comida estuvo rica aunque no era mi estilo... Siempre reconoceré el esfuerzo que hizo Sergio para buscar algo muy Nuevo York. De hecho, gran parte de la conversación giró en torno a nuestra ciudad. Él nunca ha ido y me preguntó miles de cosas. La verdad que me lo pasé genial hablando de N.Y. Le conté anécdotas, hablamos de locales, restaurantes, discos de moda y aproveché para presentarle mi proyecto. Saqué la tablet y nuestra cena íntima se convirtió en una conversación de negocios durante más de media hora. Éso, Jim, fue mi verdadera venganza. Quitarle las ganas de coquetear durante un rato, olvidarse de mí como una chica y ver el proyecto de lo que podría ser su futura vida. Bueno, ya sabes, venganza entre comillas, porque con su talento y mi cerebro, calculo que en unos cinco años podría ser el mejor chef del mundo.


Sergio se quedó abrumado de tanta información. Pagó la cuenta y le dije de ir a tomar una copa. Guardé la tablet y le prometí no más negocios durante esa noche. Él se relajo y empezó la cita de verdad. Después de mi ciudad, su trabajo y nuestras familias ataqué con el tema “relaciones”. Tenía mucha curiosidad por conocer algo de la vida amorosa de ese hombre. Para abrir boca comenté lo difícil que era conocer gente auténtica, comprometida e inteligente. Él me explicó sus últimas cenas y nos reímos con sus citas más divertidas. Yo le deseaba Jim, no te imaginas cuánto. No podía dejar de mirar sus labios y su camisa apretada que dejaba marcar un cuerpo muy bonito. Ufff, estaba a mil. En ese momento, justo cuando acabó de decir no se qué de su cita, se acercó lentamente a mí y nos besamos. Fue un momento mágico, el tiempo se detuvo. Sus labios sabían al amargor de la tónica. Los míos a la dulzura del zumo de melocotón. La mezcla era deliciosa y excitante. No recuerdo ninguna conversación más. De hecho creo que no nos dijimos nada desde el bar a mi casa. Todo eran besos, caricias, miradas y deseo, mucho deseo.


Llegamos a mi casa y nos desnudamos por todo el pasillo. La pasión nos hacía de guía, solo quería besarle, disfrutar de toda su piel, impregnarme con su olor y descubrir su sabor. Quería que su boca no se apartase de mis pechos. Que me pellizcase los pezones y que no parase de jugar con su lengua. Cuando llegó a mi sexo aluciné Jim. Fue las mejores embestidas que me han dado en toda mi vida. No sé si soy muy racional, o es que me embarga todavía la pasión de la noche, pero creo que este polvo no la olvidaré en mucho tiempo. Fue prácticamente perfecto. Imagínate como estaba de satisfecha y de feliz que hasta le dejé quedarse a dormir. Me acurruqué en sus brazos y me sentí en el séptimo cielo. Continuamos nuestra conversación hasta bien entrada la madrugada. Jim, confieso que me gusta mucho Sergio. Dormimos acoplados como hacía tiempo que no me pasaba con nadie; piel con piel, brazo con brazo…. Lo pienso y tiemblo. Lo tiene todo: un cuerpo muy bonito, talento, inteligencia, saber estar, modales… ¿Crees que estoy pillada? Sé que lo que voy a decir va en serio. Diga lo que diga en los siguientes mails, éste es el de verdad. Quiero que Sergio y yo empecemos algo. No voy a decir “una relación estable”. Sabes que siempre que digo esta palabra, la fastidio y no sale bien. Así que diré “algo”. Algo divertido, curioso, extraño, romántico, apasionado. Algo breve o largo pero sea lo que sea, por favor, que sea auténtico.

Besos grandes,


Beth.



 

miércoles, 5 de enero de 2022

La pasión de Érica por el lemon curd.

Érica no recordaba haber dormido tan plácidamente en su vida. La almohada era más blanda de lo habitual, el colchón más firme, los brazos que le cogían más fuertes….


Un momento” pensó mientras abría los ojos. “Joder, pero si no estoy en mi cama. ¿Dónde estoy?” En ese momento le vinieron flashes. Ella en el bar, con Pol, dando un discurso como una auténtica sufragista; mapa, casa de Sergio, timbre, ascensor, pene, sofá, manta y cama…. ¡No! En su vida se había sentido tan avergonzada. Quería volverse a dormir y no despertar hasta el día de su jubilación. Entonces sería tan vieja que ya habría perdido hasta la conciencia. Se giró muy lento. Le observó. Joder que guapo es. Su mano tuvo vida propia y se dirigió hacia el pelo de Sergio acariciándole muy suavemente.


-Buenos días- dijo él con una sonrisa casi perfecta.

-Buenos días- respondió Érica con cierta timidez.

-¿Café?- Preguntó Sergio.

-Sí, por favor- dijo ella con una voz angelical.

-Yo café, tú al baño. Ponte esa sudadera y esos pantalones que ya no me valen. Te irán grandes pero estarás más cómoda-

-Vale, gracias por no ofrecerme una camisa de fuerza… - dijo saliendo de la habitación tapándose la cara con la toalla.

-Eso te lo reservo para después del desayuno-


No recordaba cuanto rato llevaba en el baño. Se negaba a salir. Quería disfrutar de un minuto más de soledad y silencio, después de la ducha tocarían las explicaciones. ¿Qué coño le iba a decir? “Nada, te piqué porque me pareces el tío menos gilipollas y más interesante que conozco, además creo que si te gusta la comida no puedes ser un imbécil, ¿o sí?” Absurdo. Suspiró, abrió la puerta del baño y le embriagó un delicioso olor a cruasán recién hecho. Cómo un ratoncito fue siguiendo el aroma por el pasillo hasta llegar a la cocina. Lo que vio le provocó que por unos segundos su vergüenza se borrara. Sergio había montado una auténtica mesa de desayuno, y encima, en la terraza. Había cruasán, zumo, café, leche, fruta, mermelada, mantequilla y Lemon curd. ¡Le encantaba! Se iba a untar todo el puto cruasán con esa crema tan deliciosa.


-A la mesa- gritó Sergio.


Ella como una niña pequeña obedeció y empezó a comer todas las cosas maravillosas que le había preparado.


-Bueno, me toca hablar- Sergio la miró atentamente con sus grandes ojos.

-Mira, ayer… Bueno… para empezar me emborraché. Tuve un muy mal día. Descubrí cosas de Alex-

-¿Alex? ¿Quién es?-

-¿Quién es Alex, dices? Bueno, es un tío con un problema… Da igual. El tema es que teníamos algo y ahora no. A parte lo conociste, fui a cenar a tu restaurante con él hace unos días. Bueno, no es importante-

-Mmm. Ah! Lo recuerdo. ¡No pidió postre!. Perdona Érica, pero no te pega un tío que no pida postre.-

-Pol tampoco lo pidió-

-Touche- Sergio sonrió. -Está claro que Pol tampoco es tu hombre ideal-

-Lo sé...- dijo ella recordando su terrible cita. -Bueno, pienso que... no si existen los hombres ideales. Me conformo que nos respetemos, que nos queramos tal y como somos y que tengamos la misma visión de la vida-

-Buen plan. ¿Pero entonces por qué llamaste a mi puerta?-

-Es cierto, tengo que pasar por el purgatorio. Ejem,ejem. Creo que eres el chico menos gilipollas y más interesante que conozco. Además, si te gusta la comida no puedes ser un imbécil del todo ¿o sí?-

En ese momento no le pareció una frase tan absurda. Sergio la miró, sonrió y se levantó corriendo.


-Cierra los ojos Érica-


Ella lo hizo. Dejó que el sol y el aire le acariciaran la cara. Este tiempo de otoño era ideal para estar al aire libre. Los rayos del Sol ya no te quemaban, la brisa todavía no era demasiado fría. Se acomodó en la silla tirando la cabeza hacia atrás y casi le dio una sensación de estar en el paraíso. Pensó que podría vivir en esa casa. Era como si todos los momentos que pasaba allí fueran como un Spa. Ahora mismo podría dormirse en esa silla tan bien como había dormido en la cama de Sergio. ¿Era eso normal?

-Abre la boca- Él la interrumpió de sus pensamientos. -Pero sin abrir los ojos-

Érica experimentó una sensación indescriptible. Era suave, cremosa, una especie de mayonesa, pero con algo más fuerte. ¿Rábano? Sí era rábano. Mayonesa de rábano pero con algo más, algo picante. No sabía qué era pero estaba deliciosa.


-Uau. Está buenísima.-

-Sí, ¿de verdad te gusta?-

-Claro, mayonesa de rábano es súper original. ¿Para qué la utilizar? ¿Con qué maravilla la vas a mezclar?-

-Aún no lo he pensado… A parte si te lo dijera ¿dónde se quedaría la sorpresa?-dijo Sergio con un toque de misterio. Estaba segura que ya tenía el plato pensado y requete estudiado. En su profesionalidad Sergio era intachable.


Acabaron de desayunar con un momento de silencio nada incómodo. Érica volvió la sentir la paz que le producía esos muros. ¿En qué estaría pensando él? Ella tenía unas ganas locas de acostarse con Sergio. Miraba de reojo su cuerpo y el calor subía a sus mejillas. De repente no había más que Sergio, su lemon curd, cruasán, mayonesa de rábano picante… ¿Podría haber algo más excitante en la vida?


-¿Tienes algo que hacer hoy?- le preguntó Sergio.

-Creo que es el momento de que ya emigre a mi choza-

-No, no quería decir eso. Digo que si trabajas o algo...-

-Hoy no trabajo, de echo hasta dentro de tres días no vuelvo. Me debían unos días de vacaciones y...-

-Vale. ¿Cuánto tardas en cambiarte de ropa?-

-¿Unos quince minutos?-

-De acuerdo. Pues vamos, cogemos el coche te llevo a tu casa y te espero abajo. Señorita Érica, si has alucinado con la mayonesa de rábano. Prepárate para experimentar muchos nuevos sabores y olores-



Érica coge el teléfono, coño. Mierda, contestador. “Érica querida ¿cómo estás? Lo último que sé es que te fuiste casa de Sergio. ¿Llegaste a entrar? ¿Le diste la chapa y te echó de casa? ¿Te acostaste con él? ¿Te ha llamado Álex? Señorita a mí me ha dejado veinte mensajes. Le tienes loco. ¿Le vas a perdonar? Bueno llámame cuando oigas esto. Por cierto Pol y yo ya hemos perdido la chispa, ya sabes que después de cuatro polvos no tenía nada más que experimentar con él. Por cierto he pasado la noche con un alemán de veinte nueve años que conocí en el bar. No paraba de decir “Fick mich” que supongo que es dame,dame… Bueno llámame y te cuento”



Sergio soy Elisabeth, bueno Beth. La ganadora de la cena de ayer. Por cierto, estuvo increíble. Gran noche, gran cena. ¿Has visto las críticas? Son maravillosas. Perdona que te moleste pero tu teléfono me lo ha dado Gina. Quería felicitarte y ofrecerte una cena esta noche en mi piso. Me ha costado pero ya tengo uno. Llámame y te paso ubicación. No seré tan buena chef como tú pero espero sorprenderte.


Beth se quedó esperando toda la noche solo con la compañía de un delicioso cordero al horno con mermelada de pera. Fue la cita más desastrosa que recordaba. A la una y media se fue a la cama, abatida, derrotada y enfadada. No con Sergio, si no consigo misma por no haber tenido la paciencia de recibir una contestación. ¿Se pensaba que era una especie de Diosa que nunca sería rechazada? Se había puesto a cocinar como una loca, sin pensar en la posibilidad de un no por respuesta. ¿Cuántas cosas, o mejor, cuántas personas querían ver hoy a Sergio? Lógico que ni siquiera él contemplase su propuesta. “Dios mío, me gusta mucho Sergio” A la una y treinta y tres de la noche se dio cuenta que no quería más citas sin que fuesen con él.


Marina recibió un solo mensaje de Érica: “Todo ok. Ya te cuento” Miró el móvil alucinada. “Vale, disfruta de tu historia” le contestó. “Querrás decir de Un‘Altra Storia” Marina se rió. Bien hecho.


Y es que lo que pasó al final con Érica y Sergio es “Un‘Altra Storia”.


 

lunes, 3 de enero de 2022

Sergio y su zona de confort.

Sergio volvió a casa sin María. Estaba cansado después de una noche tan dura y no sabía si iba a ser capaz de satisfacerla como ella se merecía. Pensó que el esfuerzo le había dado la mayor recompensa de su vida. Mañana miraría la prensa, ya que sin saberlo, aquella noche, había servido a cuatro críticos culinarios. Se sentaron en la número ocho. Nunca le había gustado demasiado esa mesa. Quedaba al lado de la pared y cerca de la entrada a la barra. Cosa que era bastante incómodo tanto para el comensal como para los camareros. “Si empiezo a ganar fama en Barcelona, haré reformas” Pensó mientras se lavaba los dientes. Gina y Paola habían estado geniales esa noche. Les dio un sobre con dinero extra que casi se niegan a coger. Decían que era su trabajo y que la satisfacción de ver a la gente comer bien y ser feliz era suficiente. Él insistió, sabía que a parte de que lo necesitaban, se lo merecían con creces. Aguantarle a veces es un suplicio. No se considera mal jefe, pero estaba pasando un momento personal raro; a veces estaba tan distraído que dónde no llegaba él, llegaban ellas y eso bien se merecía una recompensa económica. Se acostó pensando en los comensales de esa noche. Beth, su bonito vestido rojo, su sonrisa de absoluta ganadora. Se excitó solo de pensarlo. Érica, su timidez arrebatadora, su chispa. Aunque hoy notaba que algo le había pasado. No estaba como siempre, más triste, menos jovial, más callada… Beth y su malentendido con el supuesto Jim. ¡Qué vergüenza! Él poniéndose celoso y era un amigo de su ciudad natal, Nueva York. Habló un rato con él y le pareció muy buen tío. Se hizo una foto con ella, por ser una de las dos ganadoras del concurso culinario. Sacó el teléfono, tapó a la segunda ganadora y sonrió viendo la imagen de Beth junto a él. ¿Algún día se hará realidad? Deslizó su índice por todas las fotos que sus trabajadoras habían hecho de la velada. Se descubrió buscando a Érica. Aquí está. Su expresión era seria, sus ojos fríos y en ninguna instantánea sonreía. Volvió a la primera foto. ¿Érica o Beth? Al final haría lo que Paola le había aconsejado. Quedaría con las dos. Por separado, claro está. Su mente volvió a irse a a esa cama enorme, que últimamente era su sueño erótico más recurrente, donde las dos eran para él. Dejó de pensar en eso y decidió empezar su plan de decidirse por alguna de las dos.


Miró la foto y vio a la otra ganadora de la noche: Clementina Buenavista. La crítica más cruel y legendaria de Barcelona. Muy poca gente le había visto la cara, es uno de los tips de los críticos. Vaya sorpresa sería si fueras a cenar de incógnito y todo el mundo te conociera. Él no tenía ni idea de quién era, Paola tampoco; esta vez le salvó la vida María, la tetona. Ella tenía un extraño radar de conocer gente interesante en fiestas, eventos o conferencias en las que casualmente siempre estaba presente. María fue corriendo a la cocina y con sus ojos grandes le dijo: “¿Sabes por casualidad quién está sentada en la mesa de al lado de la barra? Clementina Buenavista” No esperó respuesta, le explicó toda la parrafada y Sergio se encargó de que los mejores platos fueran directamente a esa mesa. Ya que no les podía cambiar de sitio, al menos comerían lo mejor. Si la crítica era buena, tendría que quedar con María para agradecérselo. Pensó en sus enormes y jugosas tetas. Se empezó a tocar.


Entre el tan placentero sube y baja de su mano se oyó el timbre de su puerta. Él hizo caso omiso y siguió con su balanceo. Cuando por cuarta vez se escuchó el ring, él se levantó medio enfadado, con el pene erecto y sin pantalones. Abrió la puerta maldiciendo:


-Serrgiooo, bnas noxxxes. Xieeennto molestarrr. Estoyyy yyyo alllgooo bebiiiidddaaa….. Ostiaaaa ¿Vassss sinn panntalonessss?-


Érica se tapó los ojos con las manos. Dios que vergüenza. ¿Qué hacía allí? ¿Porqué iba borracha?


-Pasa, te haré un café y me pondré pantalones-


Casi no podía andar, así que la cogió en brazos y la tumbó en el sofá. En tres segundos se quedó dormida. Él se hizo un café solo, se puso los pantalones y se quedó contemplando esa belleza tan poco común que dormía en su sofá. Daba la impresión de no haber dormido en cien años. Estaba muy a gusto apoyada en sus cojines amarillos de Ikea. Verla daba paz. Pero y ahora ¿qué hago?.


-Pol, perdona que te moleste, ¿estás ocupado?-

-No tío dime-

-Me podrías explicar porqué tengo a Érica en mi sofá-

-Ah sí tío perdona. Mira, me la encontré en el bar que está al lado de tu restaurante. Iba bastante taja. Y estaba como una loca criticando a los hombres, a las drogas y a esta sociedad… No sé, un desastre. Y no va la tía, que en cuánto me ve, me dice que le diga donde vives. Que tú eres el único hombre que merece la pena. Que tenías no sé que rollo de sensibilidad con las verduras, pues que también lo tendrías con las mujeres… O algo así, bueno, que no la entendía muy bien-

- Vaya, eso dijo… Y ¿tú le diste mi dirección?-

-Sí tío. Pero que si se pone muy mal la echas y punto. Que se apañe. Pensé que si estabas solo te podría hacer buena compañía. Que sabes que hace unas cosas con la leng...-

-Calla, calla. Ok. Bueno se ha quedado dormida. Pero no la voy a echar tío, pobrecita. Que duerma y ya hablaremos mañana.-

-Vale mañana me cuentas-



Sergio volvió a la cama. Eran casi las dos y estaba muy cansado. Se acostó y oyó unos ruidos. Se levantó de nuevo y encontró a Érica buscándolo. Con los ojos medio cerrados y el vestido torcido se le abrazó y le susurró al oído: ¿Puedo dormir contigo?. Él la guió hasta el cuarto y le acompañó a su lado de la cama. “¿Me puedes quitar el vestido? En una cama con un hombre siempre se tiene que dormir desnuda, pasen cosas o no” Él obedeció sus órdenes sin pensarlo demasiado. Pudo ver un cuerpo pequeñito pero muy bonito. Todo estaba en su sitio, no destacaba nada en particular pero el conjunto era tan bonito como para que su juguetón pene volviera a erguirse. “Ahora no” Pensó mirando hacia abajo.


En cuanto se acomodó en su lado, Érica se giró y se apoyó en su pecho. Él le besó imperceptiblemente en su cabeza y se quedó pensando en cuánto tiempo hacía que no dormía acompañado con una mujer acurrucada en su pecho. No se dio cuenta de cuánto lo había echado de menos. Sentir el calor, la piel, la respiración de otra persona en tu torso es el mejor somnífero que alguien puede tener. Cerró los ojos y se durmió con una tranquilidad como hacía tiempo que no sentía. ¿Sería ésa la señal que Sergio necesitaba?

 

jueves, 9 de septiembre de 2021

Beth de Calcuta.

Cerré los ojos, inspiré, puse la mente en blanco y me decidí a disfrutar de aquella magnífica noche. Jim estaba guapísimo. Se había puesto un traje informal con camisa blanca de cuello mao y sin corbata. El color del traje era azul noche, un punto más oscuro que el marino, pero sin llegar a ser negro. Era su color fetiche, ya que con su piel blanca y sus ojos casi grises parecía un Lord inglés. Aunque su pronunciado acento americano y su pasión por la NBA le delataban como auténtico yankee.


A dos mesas de mí se sentó Érica, con una chica muy alegre. Llevaban vestidos sin firma pero con un desparpajo y una dulzura que podían haber sido de MaisonCléo. Los acompañaban con complementos de bisutería y unos zapatos que no eran de piel, pero muy adecuados para sus respectivos looks. Me gusta que esté aquí esta noche. Es una simple dependienta pero tiene clase. Se ve inteligente, espabilada y con un cierto estilo para la moda; como si toda la vida se hubiera preparado para ser rica, pero sin conseguirlo todavía. Hoy está rara. Su alegría cotidiana había desaparecido. ¿Le habría pasado algo a su familia? ¿Mal de amores, quizás? Sea como fuere en ese preciso momento, me decidí a contratarla. Creo sin ninguna duda en ella. No tiene estudios, y eso no va a gustar en la compañía, pero será mi protegida. Mañana le escribo un e-mail y espero alegrarle un poco la vida.


Llegaba el primer plato. Me concentré en la comida. Con lo competitiva que soy yo, quería ganar a toda costa. Tantos años disfrutando de la cocina me tendrían que servir de algo. Soy consciente de que Nueva York no es la cuna culinaria por excelencia, como podría ser cualquier capital de Europa. París, Roma, Madrid… son ciudades con un encanto exquisito. Pero Nueva York era mi ciudad, y reconozco que de un tiempo a esta parte, se ha puesto las pilas en el plan gourmet. Ya no es la ciudad de los setenta llena de guettos de diferentes sitios del mundo que se mataban entre ellos. El cine no ha ayudado a verla de otra manera. Pero yo, que he vivido allí durante muchos años, os digo que ha mejorado. Obviamente hay barrios que siguen siendo peligrosos, pero como en todos las ciudades importantes. Últimamente estaba muy de moda el restaurante: Piccola Cucina Osteria Siciliana, en el Soho. Jim y yo habíamos ido a su inauguración y era como comer en un rinconcito de la vieja Sicilia. Incluso creo recordar que los cocineros no hablaban inglés, solo se gritaban en siciliano palabras a mi suponer, bastante burdas.


Jim disfrutaba como un niño con una bolsa de caramelos. Anotaba cositas en su cuaderno y no paraba de comentarme la exquisitez de los platos.

- ¿Cómo se llama el chef? -

- Sergio -

- Debería emigrar a Nueva York. Falta un restaurante así. Pequeño, moderno, con clase, con alma. Beth, piénsalo. Todos los que hay así, como éste, son de especialidades. Él mezcla la comida italiana con producto catalán y lo hace genial. Es como un artista que crea, disfruta, compone y hace que los demás se metan en su cabeza y en su piel. Yo, comiendo este menú, es como si le pudiera conocer. Como si pudiera meterme en su mente y saber lo que piensa de la vida. -

- ¿A sí? Y dime querido Jim, ¿qué piensa de la vida Sergio? -

- Pues creo que es una persona indecisa, muy indecisa. Esa mezcla de sabores es sublime, pero noto que no se decide en apostar por ninguno concreto. Un poco de dulce, un poco de salado… Creo que tiene un gran miedo al fracaso. Es como si, le diera pánico experimentar del todo. Volverse loco y dejarse llevar, por miedo a no gustar. -


Jim me dejó helada. ¿Sería cierto todo esto? ¿Sergio se sentiría así? ¿O Jim hacía de psicólogo culinario por las copas de vino ingeridas aquella noche?


-Jim, haremos una cosa. Cuando acabemos, invitaremos al chef a una copa y averiguaremos cómo es. Si has acertado, si te has acercado un poco a su mente, te propondré un trato. -

- Guau Beth, qué misteriosa estás… Pero recuerda que no estaré en Barcelona mucho tiempo más. Que tengo muchas ganas de ver a mi nena. -

- Tranquilo Jim. Si todo sale bien, tu “nena” me lo agradecerá de por vida.-


Se me estaba ocurriendo algo. Mi mente era como un campo de hierba, que cuando cae una semilla y se queda arraigada a mi cerebro, puede crecer algo maravilloso. De momento era una simple idea. Muchas veces había pasado que se había quedado solo en la semilla, no había crecido nada. Pero yo me fiaba mucho de mi instinto y de momento me había fallado poco. Recuerdo la última vez que había ido contra corriente en la vida. Había sido con mi última relación. A priori éramos como la pareja perfecta. Nos queríamos mucho y a punto estuve de ir a vivir con él. Pero algo en mi interior me decía que no lo hiciera. No sé como explicarlo, era algo que dentro de mí me frenaba a dar pasitos hacia delante en la relación. Él insistía, me juraba que todo iría genial, que no podía vivir sin mí, que era la mujer de su vida, que era única. Debería de tener alma de italiano porque dominaba el arte de los piropos, y del venderme un futuro tan bien, que casi me lo creo. Una noche estaba cenando cerca de su casa con una gente del trabajo y después de un par de copas se me ocurrió pasar a verle. Me había dado una llave para entrar cuando quisiera; cosa que yo no había hecho nunca, en seis meses que hacía que la llevaba en el bolso. Esa noche me apeteció acariciarle, besarle, hacer el amor y dormir en su casa, dándole la sorpresa que seguro que esperaba. Entré y vi que la luz del comedor estaba apagada. Miré que el reloj solo marcaban las once y media de la noche. Demasiado pronto para ir a dormir, pensé. Escuché unos gemidos en el cuarto. Mi primer pensamiento es que estuviera viendo porno y me puse cachonda. Me desnudé en el comedor y abrí la puerta de su cuarto totalmente en pelotas y diciendo: “¿quieres que me una?” Él me miró desde la cama mientras una negrita le hacía una mamada y me dijo: “Si por favor, Elia no lo hace muy bien...” La chica dejó de chupar su polla y con tal ofensa se vistió rápidamente y dijo: “soy Emma, no Elia” Yo salí de la habitación como si estuviera drogada. No le escuchaba, estaba en shock, era como si me hubieran inyectado un tranquilizante que me obligaba a hacer las cosas despacio y con calma. Metí mis cuatro cosas en una bolsa, me vestí y nunca más volví a verle. De hecho, creo que aún sigo teniendo su llave.


Volví a concentrarme en los platos. En los de primavera no había notado nada especial. Me daba rabia porque llegábamos al otoño y en mi libretita solo había escrito no guindilla en uno de los platos de verano. Aunque la ventaja que tuve para descubrirlo, es que casualmente, sirvió el mismo plato que había probado por primera vez en esta casa. La guindilla con la anchoa las recordaba demasiado bien, como para intentar engañarme con unas bolitas de pimentón. Qué recuerdos de esa noche. Barcelona, sus locales y su gente se me estaban metiendo en el corazón. Estaba claro que a aquellos spaguettis no sabían igual que la primera vez que me metí el tenedor en la boca, un miércoles cualquiera, descubriendo un restaurante que sin duda ya estaba en el top five de mi vida.


Faltaban dos platos y creo que mi vestido en algún momento se rompería. Intentaba comer despacio, beber agua a parte de vino, pero me sentía muy muy hinchada. Jim me miró y me dijo con un cariño extremo: “Beth, estás guapisima”. Me reí, saqué el móvil e hice un selfie divertido para tenerlo como recuerdo en esa noche tan especial. Yo, sinceramente no soy mucho de fotos. Cuanto mejor me lo estoy pasando, más se queda el móvil en el bolso. Soy más de disfrutar, observar, charlar y de recordar.


Hice un reposo entre plato y plato y me dirigí al lavabo. Tanta agua estaba haciendo su efecto en mí. Entré y se me pasó el buen rollo. Vi que Érica estaba llorando. No pude más que abrazarla. Nos habíamos visto a penas tres veces en la vida, pero era una chica que me hacía sacar mi lado bueno, mi lado tierno, amable y cariñoso que muy poca gente había tenido el placer de conocer. Ella balbuceaba no se qué de los hombres, no se qué de la confianza y no se qué del dinero. Yo le lavé la cara, le retoqué el maquillaje y le dije:


- Te iba a enviar un e-mail mañana, pero creo que esta noticia te alegrará la noche. He pensado que seas tú la elegida para trabajar conmigo -

- ¿Qué? - dijo ella con sus ojos súper abiertos.

- Venga que ahora tenemos que acabar el menú, y luego si quieres vamos a tomar algo y te explico cositas de la empresa y de tu puesto. ¿Te parece? -


Érica salió con una semi sonrisa del lavabo. Yo me sentí genial. Nunca había sido una persona egoísta, pero sinceramente, había pensado en mí, mil veces antes, que en los demás. Nunca hubiera dejado una buena idea, casi un futuro negocio, por consolar a una chica. La semilla que Jim había sembrado en mi cabeza, podría ser una oportunidad ideal para cambiar de vida. Y yo, que había invertido en bolsa, en acciones y me lo pasaba genial ganado dinero, no podría dejar de intentar hacer realidad un proyecto como este, ni por un minuto. Pero esta noche, no me preguntéis porqué, lo había aparcado. Olvidar, obviamente que no; será una conversación que tengamos en breves Jm, Sergio y yo. Pero hoy, na persona que quizás trabajase para mí estaba destrozada. Y por primera vez en mi vida, iba a dejar mis proyectos, mis ideas y hasta mi diversión por ayudarla.Sinceramente no me reconocía. Me reí amargament pensando en todas las personas que habñia criticado por hacer algo así. Y ahora yo, y sin saber muy bien porqué me había convertido en una de ellas.


Érica y su dulzura me habían conquistado. Creo que en Nueva York, todas las chicas son muy duras, poco cariñosas y poco femeninas, hablando claro. Son más como hombres de negocios que se enfrentan a una jungla donde si muestran sus sentimientos, morirán. Y yo, era la reina de ellas. Nunca he dejado ver mis debilidades femeninas en un trabajo, nunca me ha afectado comentarios como “¿tienes la regla?, es que se te ve muy ñoña” Yo era el macho más alpha de Nueva York. No sé porqué hoy había sido diferente… Definitivamente Barcelona me estaba cambiando. ¿En Nueva York era tan fría, irónica y perfeccionista porque la ciudad era así? ¿Solo necesitaba venir a una ciudad mediterránea para volverme empática con la gente? Salí del lavabo con una sonrisa a explicarle a Jim que era la reencarnación de la madre Teresa de Calcuta.

 

sábado, 3 de octubre de 2020

Érica y su baja autoestima.

Buenos días Alex,


Te preguntarás porqué me he ido de esta manera tan violenta y salvaje. Bueno la respuesta está en la mesa. Supongo que lo primero que has visto es el álbum de fotos. Lo he cogido por pura curiosidad, llevaba días mirándolo mientras me tomaba el café en el sofá y no he podido evitarlo. Imaginé que eran fotos de tu familia o de algún viaje con tus colegas. Pensé que encontraría la típica foto de todos fumando un porro o algo así de niñatos adolescentes. Lo que he visto, no me ha impactado, me ha sorprendido. El álbum que te hizo Iria (tu ex novia) siempre es un bonito recuerdo para que lo guardes, lo veo normal. Pero pensé que lo tendrías dentro de una caja junto con todos los detalles de tus ex, escondida en el fondo del armario, como hacemos todos.


Al descubrir qué era, me hecho un café, me he sentado en el sofá y me he puesto a observarlo con calma. Ha salido mucho amor de entre la páginas. Hay fotos que se te ve realmente guapo y muy feliz. Éso me ha hecho sonreír. Me ha sorprendido que ella escribiera frases al lado de las fotos, eso es algo que yo siempre hago. Las imágenes, los tiquets de los restaurante, las entradas de los museos… Todo estaba dispuesto con mucho mimo, cariño y gusto. Ella guardaba cosas que a veces yo también guardo. Anotaba fechas y detalles importantes que yo también anoto. Creo que este álbum lo podría haber hecho yo misma. He notado muchas cosas mías en ella. Supongo que es uno de los motivos por el cuál me escogiste... Reconozco que me he puesto un poco celosa y debo decir que me ha dolido bastante, ya que veo muchas cosas de ella en esta casa. El cuadro de la entrada, (un retrato vuestro hecho por tu hermana), el álbum, las rosas secas que ella te regalaba para Sant Jordi… Y si sigo buscando, seguro que hay más detalles de Iria por aquí, por eso, no pienso hacerlo. ;)


Después de mi momento celos que ha durado unos minutos, estaba dispuesta a tomarme otro café y a reírme de mí misma por ser tan tonta. Pero he visto la caja. Ojalá no la hubiera abierto Alex. Sé que si no hubiese sacado el álbum no la hubiese visto. No tengo excusa, pero lo que había dentro sí que me ha impactado. Lo siento pero es un tema que me puede. Nunca me he planteado salir con alguien que se drogase. He vuelto a tapar la caja y me he ido a la habitación. Después de una hora te he escrito esta carta, he cogido las cosas y me he marchado.


Por favor, necesito tiempo. Tengo que pensar. Sé que no eres un drogadicto de cada día o de cada fin de semana. Y sinceramente me da igual que te hayas metido una vez al año que seis. Es un tema que no puedo, lo siento. Necesito tiempo para pensar, dame aire y prometo llamarte de aquí a unos días. Necesito saber que si te vuelvo a ver, es un tema que no afectará a nuestra recién empezada relación. No quiero imaginar que eres como te he conocido por tus aditivos. No quiero comprobar que solo eres divertido, cariñoso y gracioso porque consumes drogas. Lo siento Alex pero ahora mismo no puedo verte. Sé que no tenemos veinte años y supongo que es un tema que controlas. Pero me ha impactado mucho y necesito pensar y reflexionar. Dame tiempo por favor. Cuídate.


Érica.



- Pero ¿qué había dentro de la caja, cocaína, mdma, jeringuillas y heroína, porros?- Me preguntó Marina.

- Había pastillas y un saquito que parecía sal gorda...- - Ok mdma. Es la mejor para mí. La cocaína es muy de los noventa-dos mil, la heroína es muy demasiado. Y los porros es muy de dieciséis años, normal que hubiera M. El M esta de moda y es una droga sensitiva. Te quita los complejos de la timidez, vamos como todas las drogas, pero cuando te tocan sientes una hipersensibilidad que te da un gustirrinín genial.-

Ahora resulta que mi mejor amiga era experta en drogas, y yo sin saberlo…

- Yo, he follado con M y es brutal. Mucho mejor que la Viagra. Que por cierto también he follado con ella. No está demostrado que a las mujeres les afecte pero a mí me provocó un placer extremo justo en la parte de arriba de...-

-Frena, frena. Somos amigas pero ya sabes que no puedo con esto.- Dije poniendo cara de alucinada.

-Mi consejo querida Érica, es que hables con él. A lo mejor es un tío que toma 3 veces al año. Y creo que si está colado por ti, podría hasta dejar de tomarlas, estoy casi segura. Yo hace dos años que no tomo nada. Sí, he tomado, lo sabes y no por eso dejas de llamarme. Y te diré más. A lo mejor un sábado cualquiera estoy a gusto y de subidón y llamo a mi “colega”-

-A tu camello, querrás decir. ¿Marina, podemos cambiar de tema? Soy consciente que quizás a mi edad hago una montaña de esto y que todo el mundo toma o ha tomado drogas alguna vez. Pero ya no es solo las drogas, es el nivel que tiene Alex, las amistades, las ex… ¡Todo! Él se droga (poco, espero) yo no, él tiene un pisazo, el mío no llega ni a pis, tiene unas ex con las que se han ido a Sry Lanka, a Argentina, a mil países. Yo con mi ex me iba a la costa brava y porque sus padres tenían una casa. Somos de un nivel muy diferente y te aseguro que la falta de dinero siempre trae muchos problemas. ¿Qué pasaría si nos fuéramos a una escapada? Que él se querría ir a Francia de fin de semana y yo a Tarragona. ¿Y si todo sigue adelante y acabamos viviendo juntos? A mí me gustaría tener la confianza de pedirle unos años sabáticos y volver a estudiar, sacarme una carrera y poder trabajar como todo el mundo de lunes a viernes y con un sueldo digno. Siempre que juego a la lotería pienso en eso. He intentado estudiar algo en mis ratos libres, pero con el horario de tienda y con el tema de mis padres, sabes que casi no me queda tiempo. ¿Crees que él me permitiría reducir mi jornada laboral para poder labrarme un futuro mejor? Por lo menos tendríamos que estar casados y con hijos para permitírmelo. Y su familia, ¿qué pensaría de mí? La pobre que utiliza el dinero de mi hijo para ascender en su futuro…. Imposible nena, ¿no lo ves? El no tener dinero, siempre, siempre trae problemas.-

-Erica. Ahora mismo agradecería un poco de M. Madre mía como te rayas… Yo me pregunto ¿Por qué no hablas todas estas dudas con él? Sobre todo lo de la droga.- me dio un abrazo y un beso en la mejilla.- ¡Uy!- dijo mirando el reloj. -Vamos a vestirnos y no te voy a permitir hablar más de Alex durante esta noche. Creo que ya te has desahogado mucho conmigo y necesitas airearte. Y recuerda, si no lo ves claro, no le llames. Si no le echas de menos, si ves que todo lo que me has dicho puede ser un problema, no le llames, déjalo correr y a otra cosa. Pero prométeme que si no puedes parar de pensar en él, que si es un chico que se te ha colado en el corazón, que si pese al dinero, las drogas y todos esos “problemas” miras su wassap cada cinco minutos, y tienes unas ganas locas de besarle y de abrazarlo, llámalo. Habláis, os veis, quedáis para cenar, discutís todo lo que sea necesario para ti. Le pides explicaciones de lo que te de la gana y le haces quitar ese cuadro de la entrada… ¡Por Dios! Tanta carrera, tanto máster y no se da cuenta de los detalles que pueden molestar a una mujer… Lo siento Érica pero ahí, ha sido un poco gilipollas -


Marina y yo nos abrazamos y nos reímos. Yo no sabía si reír o llorar, no sabía si hablar o callar, si perdonar u olvidar, si arriesgarme o correr. Lo que tenía claro es que esta noche no me iba a permitir averiguarlo. Hoy solo iba a disfrutar con mi querida y recientemente drogadicta: Marina.


Llegamos al restaurante cinco minutos antes de la hora. Eso era un hervidero de gente. Había hasta periodistas. Gina nos ofreció una copa de cava y nos explicó que la rueda de prensa estaba a punto de terminar. Sergio lucía realmente atractivo. Llevaba su chaquetita blanca de cocinero y se había hecho bordar el logotipo en el bolsillo. Parecía un cocinero con tres estrellas Michelín. Habían divido el restaurante en dos: a un lado estábamos los comensales de esta noche; al otro habían improvisado un atril para hacer la presentación a la prensa del nuevo menú.


-Mira quién está allí- dijo asombrada Marina. Era una mujer con unos pechos enormes. La camiseta ajustada que llevaba le marcaba mucho su imponente delantera. Solo me vino a la mente una persona que pudiera utilizar sus pechos de una manera tan superficial -Dios mío… ¿Es María?- -¿Qué hará aquí? Vamos a saludarla- Marina me cogió de la mano y me arrastró casi literalmente hasta ella. Se conocían porque habían coincidido en un seminario de psicología cuando las dos eran estudiantes. Desde entonces tenían una extraña relación de amor-odio que podría haber llenado las páginas de un auténtico culebrón mejicano. María nos explicó que hacía unos días que salía con Sergio y que él le había invitado esta noche a la inauguración. Ella no era muy fanática de la alta cocina, o como dijo ella: “de la comida así”, pero no podía declinar tal invitación.


Mientras María y Marina se ponían al día, yo me desconecté y empecé a observar a la gente tan pija que había aquella noche en el local. Reconozco que siempre he tenido un exagerado complejo de inseguridad ante la gente con pasta. No digo que todos los ricos sean unos caraduras pero la mayoría que he conocido no son muy de fiar. Yo provengo de una familia humilde. A los diecisiete años tuve que dejar de estudiar para ayudar económicamente a mi padres. Mi familia no ha tenido nunca ahorros, buenos trabajos y tampoco ha tenido mucha suerte. Mi padre, un hombre con delirios de grandeza, soñaba desde pequeño en ser su propio jefe. Aprendió lo dura que era la vida de un emprendedor y se hundía hasta lo más profundo cuando no funcionaba los negocios que montaba. Se quedaba con una deuda enorme y sin empresa donde trabajar. Pese a todo, es la persona más cabezota del mundo, y aunque no tenía suerte, lo seguía intentando. Ha tenido dos tiendas, un almacén de transporte y una empresa de mudanzas. Mi madre, una gran mujer en la sombra, le llevaba todo el tema fiscal y económico. Pero lo que más me gusta de ella, es que le apoyaba en sus decisiones más locas y por muchos fracasos que tuviera, siempre seguía creyendo en él. Para mí eso es el amor verdadero. Él se las apañaba para sacar a su familia adelante y reconozco que nunca nos ha faltado de nada. Pese a todas sus deudas, tiene un carácter de Lord que me apasiona, y estoy segura de haberlo heredado. Mi cuenta siempre esté vacía pero me gusta el lujo como la que más. Me sé de memoria toda la colección de invierno de Channel y me apasionan las joyas de Bulgari. Este año se lleva mucho el oro blanco, sin duda mi favorito. Supongo que, de lo vivido en mi casa con mi familia, provienen mis dudas y miedos de estar con Alex. O eso me ha dicho Marina. Según ella, cada vez que conozco a alguien que no es de mi posición empiezo con mis terribles comparativas, se me agrandan mis complejos, y me vuelvo insoportable. ¿Qué hacer? ¿Cuál es la decisión correcta? ¿Me tiro a la piscina con él, o me acabará rompiendo el corazón? ¿Alex sería un auténtico antídoto para curar mi frágil subconsciencia?


-Buenas noches Érica- No me lo podía creer. Era Beth, estaba guapísima. Llevaba un vestido rojo asimétrico que le resaltaba su figura. Un maquillaje suave, los labios rojos y el pelo recogido en una coleta alta, dándole importancia a unos pendientes dorados de Dior, que le caían como unas lágrimas desde las orejas hasta casi el hombro. Alguien así era ideal para estar con Alex, no yo. Alguien que no contase cada moneda que tiene en su bolso, alguien que tuviera estilo, porte y elegancia nata. Alguien con quien hacer escapadas a New York totalmente improvisadas y alojarse en el Four Seasons sin reserva. Me obligué a sonreír. Aquella noche no me iba a quejar más. Iba a sentarme y disfrutar de una cena extraordinaria con una persona maravillosa. Una persona que cuando miraba atrás siempre estaba en el mejor de mis recuerdos. Pasase lo que pasase en mi vida, sabía que Marina estaría a mi lado y me sentía agradecida por ello. Apuré la copa de cava mientras hablaba unos minutos con Beth, me cogí del brazo de Marina cómo si de mi novio se tratase y me dejé arrastrar por ella hasta la mesa que habían dispuesto para nosotras. ¿Quién quiere a un Alex cuando siempre hay una Marina en tu vida?.