Me levanté con una extraña sensación. Estaba ansioso, feliz,
inquieto, con unos nervios en el estómago que no me hacían sentir
malestar. Al contrario, era como si me hubiese tomado la pastilla de
la felicidad. Me sentía como si estuviese drogado. Cómo si a mi
mente no la controlase yo, y fuera un coche que va solo por la
carretera haciendo una ruta alternativa en mi vida. Así llegué al
restaurante. Hoy era viernes y estábamos al completo. Había
bastantes parejas que me habían pedido una mesa íntima. Una familia
de seis personas y un grupo de tres amigos celebrando un cumpleaños.
40 cumplía Gerard, el chico que me había encargado la mesa. Me
había pedido un pastel de mouse de chocolate y una vela de esas en
forma de interrogante. “Cuarenta no son nada” pensé. Yo estaba
acercándome peligrosamente hacia ese número y no me daba miedo.
Tenía una vida bastante encauzada y podía afirmar que era feliz. De
repente vi su cara. No era la chica más guapa del planeta, pero
tenía una sonrisa perfecta. Dientes alineados, labios finos, cara
ancha y ojos muy vivos. Daba la sensación que quería saber y
aprender todo lo que pudiera en esta vida. Me la imaginé tumbada en
la cama con el móvil viendo las noticias; saltando de un artículo a
otro por recomendación de Google gracias al Big Data. Leyendo de
ciencia, religión, historia, informándose sobre las últimas
noticias de la Nasa y pensando “¿cómo he llegado yo al artículo
de la celebración los veinticinco años del telescopio Hubble, si
hace media hora estaba leyendo los diez mejores quesos del mundo?”
Me apuesto una cena a que Érica es así. “¿Érica, que coño hago
pensando en ella?” Son las diez de la mañana y ya había tenido
tres mini sueños con ella. No le di importancia; ayer estuvimos
hablando de temas que casi nunca puedo hablar con mis amigos. Tenemos
muchas cosas en común. Su risa era encantadora. Es súper alegre, se
ríe por todo y debo reconocer que tiene un punto muy sexy. Me
encantó cuando se tocaba el pelo. Iba con unos vaqueros y una
sudadera un poco vieja pero me pareció extremadamente atractiva. Le
tendré que preguntar a Pol más detalles sobre ella. ¿Cómo será
su cuerpo? ¿Es fogosa en la cama? ¿Gritona? ¿Dulce?
-Seguro
que estás pensando en Beth. ¡Qué! ¿Pol te dio alguna idea ayer
sobre cómo sorprenderla el miércoles?- Paola me despertó de mi
lapsus. -Sí, ahora te cuento. Por cierto hoy tenemos un cumple. Hay
que hacer mouse de chocolate.- -Perfecto jefe. Anda toma un café que
veo que lo necesitas. Hoy tenemos que pagar al de los vinos y al
carnicero. Pero dile que la próxima vez no nos intente colar una
ternera de segunda, es un cara dura...-
Dejé
de escucharla. ¿Por qué no había pensado en Beth desde ayer? ¿Qué
me pasaba con Érica? ¿Era una chica más adecuada para mí? ¿Me
gustan las dos? Por un momento la imaginación se me fue a una cama;
una cama enorme de sábanas blancas y allí estaban las dos chicas
con sus cuerpos desnudos mirándome y sonriendo. Eran un combo
perfecto. Beth era guapa, elegante, misteriosa, sabe como conquistar
a un hombre y tiene un sex apple innato. Érica es muy mona, tiene
una sonrisa radiante, es dulce, alegre, algo despistada, torpe y
tímida; pero eso te hace achucharla y desearla muchísimo. A las dos
les encanta comer, degustar, descubrir y experimentar. Mi polla
empezó a levantarse y yo seguí disfrutando de mi ensoñación.
Paola me metió un grito ya que me pilló en el punto álgido de mi
fantasía.
-Joder
Sergio- Dijo gritando, mirándome el miembro y tapándose los ojos
con el paño de cocina. -Lo siento.- pronuncié yo con cara de niño
bueno. -Mira veo que hoy estás más raro de lo normal, y está claro
que necesitas… ¡sexo!- comentó señalando mis partes. -Vete a
casa. Desayunas, te masturbas, quedas con una folla amiga, contratas
los servicios de una prostituta… Haz lo que quieras, pero en un par
de horas te quiero centrado en tu trabajo. Tengo ideas que comentarte
y te necesito al cien por cien. ¿Ok?- -Ok.- Afirmé. Paola tenía
razón. Desde que conocí a Beth y luego a Érica mis lapsus eran más
largos, estaba distraído, no me centraba en la cocina y solo pensaba
en compartir mi vida con una mujer. Supongo que es lo que me faltaba
para que mi existencia fuera completa. Tenía muchas ganas de
enamorarme, de quizás formar una familia, de compartir mis platos,
mis aficiones, mis sueños con alguien que los comprendiera de
verdad. Mis amigos no eran mucho de buena comida. Pol era el peor, él
come porque si no se muere. Miguel, Oriol y Fede son distintos.
Intentan aprender lo que les enseño de los diferentes gustos, o de
qué vino encaja mejor con cada plato; pero ni mucho menos tienen el
nivel de Érica o Beth. Supongo que por eso me siento tan atraído
por ellas. Es la guinda que mi gente no me puede dar. La conversación
que con mi círculo no puedo tener y eso es un punto muy a favor de
ellas. La cocina es mi vida y ellas lo entenderían. ¿Pero por quién
decidirme? De momento por ninguna. Llegué a casa, me tumbé en mi
sofá, respiré, me relajé y me puse a soñar.
Me
metí en esa cama enorme con Érica y Beth. Me lamían todo el
cuerpo. Se besaban entre ellas, se ponían aceite, se frotaban los
pechos la una con la otra mirándome y sonriendo. Yo las abrazaba y
me ponía a recorrer el cuerpo de Beth mientra Érica me besaba.
Cuando llegaba al sexo de ella, Érica me cogía mi polla y me la
introducía en Beth. Guau. ¡Qué sensación! Empezaba a penetrar a
una y al rato a la otra. Eran sensaciones distintas pero no sabría
cuál me gustaba más. Beth dominaba más y Érica era más dulce.
Pero las dos rebosaban de pasión. Estaban súper compenetradas y
cambiaban de posición y de ritmo justo cuando yo lo necesitaba. Al
final apreté mi polla y salió disparado el semen que impactó
contra el cojín del sofá. Joder, mierda. ¡Qué asco! Lo limpié,
me duché, comí algo y llegué al restaurante totalmente renovado.
Le
compré una magdalena de piñones a Paola y le di un beso en la
mejilla. Ella y Gina eran mi mano derecha, sin ellas no podía haber
construido esto. Paola habló de crear un blog sobre el restaurante.
Sincronizarlo a la página que ya teníamos de Instagram y Facebook y
ampliar las redes sociales creando una página de Twitter. Ella, que
había estudiado publicidad y relaciones públicas, me presentó un
proyecto muy desarrollado. -Podría ser un gran avance para el
restaurante. Yo misma me podría encargas de las redes sociales.
Colgar cosas más a menudo. Actualizar el blog cada semana. Sacar
buenas fotos, y contactar con periodistas, críticos y revistas
culinarias.- - ¿Cuánto me va a costar esto?- pregunté como un
padre hacia su hija. -El proyecto me gusta, y sabemos que hoy en día
todo funciona a través de las redes- - Sergio, yo he nacido para
esto. Sabes que creo en el restaurante y creo en ti. Eres un gran
chef y hay que hacer algo para que Barcelona se entere que este sin
duda es el mejor restaurante de la ciudad. Solo necesito un ordenador
nuevo, una cámara un poco decente y unas horas menos de mi trabajo
actual para poderme dedicar al blog- -¿Solo eso? Acepto encantado.
Mi abuela decía que hay que confiar en las nuevas generaciones. El
lunes te vas a comprar lo que necesites y empezamos a hacer “Un’Altra
storia 5.0-
La
mañana se nos pasó volando. El turno de comidas fue sencillo.
Mientras yo estaba en casa disfrutando de mi trío imaginario, Paola
había preparado algún primero del menú del mediodía. Era mi chica
para todo. Tenía veinticinco años y estaba dispuesta a comerse el
mundo. Era buena cocinera y me ayudaba con los menús, las compras y
los proveedores. Gina era mejor camarera que ella. Paola no se fijaba
mucho en las personas, ni en qué mesa le faltaba el postre o los
segundos; pero era buena administrativa y esperaba que una excelente
publicista. La carrera y el máster al menos demostraban que conocía
la teoría. Recuerdo perfectamente el día que se presentó para la
entrevista. Lo primero que me dijo era que cocinaba bastante bien y
que le encantaba comer. Quería probar trabajando un tiempo en un
restaurante, ya que su sector estaba un poco jodido y necesitaba
dinero para independizarse. En la primera semana se había hecho con
las facturas, los proveedores y un poco con los fogones. Así que era
mi niña mimada. Confiaba en ella cien por cien y creo que la idea de
ampliar las redes sociales puede ser un gran acierto. De si primer
día ya habían pasado dos años. Se independizó el año pasado y
ahora que no vive con su madre está más tranquila y más feliz. Es
curioso como cada familia es un mundo. Si nos ponemos a pensar, no
hay ninguna familia ideal. Las pelis de los sesenta que creaban esa
imagen tan “de los Brady”, habían hecho mucho daño. No he
conocido a nadie que no se queje de algo en su propia familia.
Miré
el reloj, eran las nueve y veinte de la noche. Empezaba el turno de
cenas. Gina no venía hoy. Estábamos Paola y yo. Espero que esté
atenta a todo y no tenga ningún despiste en servir los platos. Noté
un brazo que se ponía en medio de mi visión.
-¡Sergio!-
dijo una voz familiar. - ¿Érica? ¿Qué haces aquí?- -Si me lo
permites, cenar- dijo mientras se reía. -Te presento a Alex. Él ha
escogido el restaurante, mira, casualidades de la vida. Últimamente
estoy teniendo muchas...- -Bienvenidos, pasar, pasar. Paola por favor
acompaña a Alex y Érica a la mesa siete. Es la más íntima- dije
guiñándole el ojo a Alex.
Él
le apartó la silla y le dio la mano para ayudarla a sentarse. Qué
gilipollas, ¿estamos en el siglo XVI o qué? Joder, ella estaba
guapísima. Lucía un vestido verde oscuro de manga larga y ajustado
a su cintura. No paraba de mirale y sonreír. Dios, hasta le estaba
tocando la mano. A ver, ¿qué coño estoy haciendo? Es una chica
normal, Beth es extraordinaria, Beth es mi chica, ella es la que
tengo que conquistar y enamorar. No esta guarra de Érica. Cada día
viene con uno diferente, ¿que es una gigoló? ¿Una femme fatal?
¿Una prostituta?. No, alguien tan dulce no puede ser nada de esto.
Supongo que busca algo que no encuentra. Estabilidad. Amor. Pasión.
Comprensión. Joder lo mismo que yo. Seguro que sueña con tener
hijos, con formar algo serio, con su príncipe azul, Y mientras lo
encuentra y no, pues disfruta. ¿Quién la puede culpar? Con lo sexy
que está esta noche, podría pasar por una modelo de esas de
Victoria Secret. Cálmate. Sergio lo que tienes que hacer es cocinar,
y hacer tu trabajo. No pienses más en ella. Beth, centrate en Beth.
El plan de Pol es muy original y lo voy a poner en práctica. Se lo
voy a explicar a Paola.
-Es
genial. Pol es bueno haciendo sorpresas. Dile que para mi próximo
cumple quiero un plan tan bueno como el de Beth. Bueno Sergio, ahora
que están todos servidos y disfrutando de tu extraordinaria cocina.
¿Me puedes explicar quién es Érica?- - Ejem… Te ha pasado alguna
vez que te has pillado por dos chicos y no sabes cuál elegir?- -Sí,
alguna vez.- -Y ¿qué haces?-
Pues mira, el principio es
lo más complicado. Tienes que salir con cada uno un par o tres de
veces. En las citas no seas racional, tienes que mirar en tu interior
y analizar lo
que sientes. Porque en cualquier momento llega “el gesto”- -¿El
gesto?- -”El gesto” es una expresión corporal que hace
alguna de las dos y que marca la diferencia. Me explico: una mirada,
una cogida de manos, una sonrisa, un susurro… algo que a ti se te
mete directamente en el corazón, y que éso hace que sepas cuál es
tu elección correcta. No pongas esa cara de asustado. Siempre,
siempre pasa. A veces es más pronto o más tarde, pero siempre hay
algo que destacará por encima la una de la otra y ahí sabrás qué
hacer.- Sonreí a Paola. Podría servir…-Así que las dos
candidatas son Érica Y Beth, ¿no?- Asentí. -Luego no te escapas y
me lo cuentas todo...- Volví a asentir.
“El
gesto” eso en hizo pensar en la cocina. Se me estaba formando una
idea en la cabeza que podría tener su gracia. Imaginaos dos platos
de pasta iguales. Hechos con la misma salsa, con los mismos
ingredientes, con la misma harina, pero cuando pruebas uno y a
continuación otro, “notas el gesto” un pequeño toque de
pimienta, guindilla, limón. Un ingrediente secreto camuflado en uno
de los platos. Lo podía hacer con las parejas. Que se pidieran el
mismo menú y quién adivinara en qué plato está “el gesto”
pues tuviera el postre gratis, o el vino, o algo gratis. Alguna
sorpresa que a mí me salga a cuenta económicamente, y para los
clientes sea un atractivo más de mi cocina. El lunes se lo explicaré
a las chicas. La gracia es que sea secreto. Muchas mujeres prueban
los platos de sus parejas aunque sea lo mismo. Seguro que la primera
que se da cuenta del gesto es una mujer. Vendrá a la cocina a decir
“porqué este carbonara sabe diferente. El de mi marido está más
rico...” me reí. Acabaré de pensar la idea estos días. Si lo
hago sorpresa, sin decir nada, puede que piensen que hay algún
ingrediente en mal estado. Sí, definitivamente se tiene que
explicar. Me giré hacia Érica. Me encantaba como disfrutaba del
vino. Cerraba los ojos, se pasaba la lengua por los labios y charlaba
con su acompañante súper emocionada. Yo mismo les llevé los
postres a la mesa y les pregunté como habían cenado.
-Los
spaguettis con chipirones estaban impresionantes- dijo Alex. Al menos
parecía que le gustaba la comida. No iba a ser un fracaso de noche
para Érica como había sido su cita con Pol.
-Sergio,
te lo he dicho en otras ocasiones, pero eres un chef increíble.
Gracias por todo. La lasagna de carne estaba cojonuda.-
-Gracias
chicos. Con clientes así da gusto cocinar. Ahora os traigo los cafés
y un licorcito. Por cierto, estos comentarios tan agradables tienen
su recompensa. A parte de un subidón para mi ego, quedáis invitados
a los postres, cafés y vino- Lo dije bajito, ya que mi restaurante
estaba en un local no muy grande y en cuanto se enteran de que has
invitado a algún cliente, todos quieren lo mismo. La novatada de las
primeras semana fue esa. Invitar a amigos que venían y acabar todo
el local sin pagar postre ni café. Cuando cerré el primer mes, me
dije que tenía que bajar unos decibelios mi tono de voz, o en seis
meses estaría en la ruina. Eché la vista atrás y descubrí todo lo
que había aprendido en estos años.
-Cumpleaños
feliz, cumpleaños feliz- -Viejuno- -Ya llegas a la edad buena-
Los
fiesteros interrumpieron mis pensamientos. Salí con unos cuántos
para todos y es que los cuarenta lo merecían. Eso y que solo
quedaban en el local ellos y la mesa de Érica… Como decía antes
estos años me han dado un bagaje extraordinario.
-Sergio
muchas gracias por todo, nos vamos- dijo Érica mientras me daba dos
besos. Hizo un gesto un poco raro mientras se tocaba la nariz. Se
acercó a mi cuello y me olisqueó.
-¿Hueles
a azahar?- -Sí- dije yo -Mi tía me regaló Givenchy estas
navidades. ¿Pasa algo?- -Nada, nada. Huele súper fresca y muy
bien.- -Yo uso Paco Rabanne- dijo Alex sintiéndose un poco fuera de
lugar. -Sí, ya la he reconocido- dijo Érica mientras se giraba y me
hacía un gesto de desagrado.
-Buenas
noches chicos, divertiros- dijo Paola mientras les cerraba la puerta.
-Jefe,
recogemos rápido que te tengo que dar una clase acelerada sobre los
gestos no verbales de una mujer-
Y
así terminé la noche. Tomando apuntes sobre las chicas, en una
clase particular que me estaba dando mi empleada, a la cuál le
sacaba más de diez años. No sé que pasará con Érica, con Beth y
conmigo. ¿Mi corazón a quién elegirá? ¿Podré hacer la pantomima
de salir con las dos a la vez sin que se enteren? ¿Se acabarán
enterando y me quedaré sin ninguna? ¿Es mejor elegir una e ir a por
ella? ¿Qué tiene que ver el azahar con todo? ¿Porqué estoy
haciéndome preguntas a las cuatro de la mañana sin dormir? ¿Es
esto volverse loco de amor? ¿Se puede considerar amor si ni siquiera
ha habido contacto físico con ninguna? Cerré los ojos y soñé con
una. ¿Mi mente, que va a su bola, ya había elegido? El sueño
resultó muy revelador.