Érica no recordaba haber dormido tan plácidamente en su vida. La almohada era más blanda de lo habitual, el colchón más firme, los brazos que le cogían más fuertes….
“Un momento” pensó mientras abría los ojos. “Joder, pero si no estoy en mi cama. ¿Dónde estoy?” En ese momento le vinieron flashes. Ella en el bar, con Pol, dando un discurso como una auténtica sufragista; mapa, casa de Sergio, timbre, ascensor, pene, sofá, manta y cama…. ¡No! En su vida se había sentido tan avergonzada. Quería volverse a dormir y no despertar hasta el día de su jubilación. Entonces sería tan vieja que ya habría perdido hasta la conciencia. Se giró muy lento. Le observó. Joder que guapo es. Su mano tuvo vida propia y se dirigió hacia el pelo de Sergio acariciándole muy suavemente.
-Buenos días- dijo él con una sonrisa casi perfecta.
-Buenos días- respondió Érica con cierta timidez.
-¿Café?- Preguntó Sergio.
-Sí, por favor- dijo ella con una voz angelical.
-Yo café, tú al baño. Ponte esa sudadera y esos pantalones que ya no me valen. Te irán grandes pero estarás más cómoda-
-Vale, gracias por no ofrecerme una camisa de fuerza… - dijo saliendo de la habitación tapándose la cara con la toalla.
-Eso te lo reservo para después del desayuno-
No recordaba cuanto rato llevaba en el baño. Se negaba a salir. Quería disfrutar de un minuto más de soledad y silencio, después de la ducha tocarían las explicaciones. ¿Qué coño le iba a decir? “Nada, te piqué porque me pareces el tío menos gilipollas y más interesante que conozco, además creo que si te gusta la comida no puedes ser un imbécil, ¿o sí?” Absurdo. Suspiró, abrió la puerta del baño y le embriagó un delicioso olor a cruasán recién hecho. Cómo un ratoncito fue siguiendo el aroma por el pasillo hasta llegar a la cocina. Lo que vio le provocó que por unos segundos su vergüenza se borrara. Sergio había montado una auténtica mesa de desayuno, y encima, en la terraza. Había cruasán, zumo, café, leche, fruta, mermelada, mantequilla y Lemon curd. ¡Le encantaba! Se iba a untar todo el puto cruasán con esa crema tan deliciosa.
-A la mesa- gritó Sergio.
Ella como una niña pequeña obedeció y empezó a comer todas las cosas maravillosas que le había preparado.
-Bueno, me toca hablar- Sergio la miró atentamente con sus grandes ojos.
-Mira, ayer… Bueno… para empezar me emborraché. Tuve un muy mal día. Descubrí cosas de Alex-
-¿Alex? ¿Quién es?-
-¿Quién es Alex, dices? Bueno, es un tío con un problema… Da igual. El tema es que teníamos algo y ahora no. A parte lo conociste, fui a cenar a tu restaurante con él hace unos días. Bueno, no es importante-
-Mmm. Ah! Lo recuerdo. ¡No pidió postre!. Perdona Érica, pero no te pega un tío que no pida postre.-
-Pol tampoco lo pidió-
-Touche- Sergio sonrió. -Está claro que Pol tampoco es tu hombre ideal-
-Lo sé...- dijo ella recordando su terrible cita. -Bueno, pienso que... no si existen los hombres ideales. Me conformo que nos respetemos, que nos queramos tal y como somos y que tengamos la misma visión de la vida-
-Buen plan. ¿Pero entonces por qué llamaste a mi puerta?-
-Es cierto, tengo que pasar por el purgatorio. Ejem,ejem. Creo que eres el chico menos gilipollas y más interesante que conozco. Además, si te gusta la comida no puedes ser un imbécil del todo ¿o sí?-
En ese momento no le pareció una frase tan absurda. Sergio la miró, sonrió y se levantó corriendo.
-Cierra los ojos Érica-
Ella lo hizo. Dejó que el sol y el aire le acariciaran la cara. Este tiempo de otoño era ideal para estar al aire libre. Los rayos del Sol ya no te quemaban, la brisa todavía no era demasiado fría. Se acomodó en la silla tirando la cabeza hacia atrás y casi le dio una sensación de estar en el paraíso. Pensó que podría vivir en esa casa. Era como si todos los momentos que pasaba allí fueran como un Spa. Ahora mismo podría dormirse en esa silla tan bien como había dormido en la cama de Sergio. ¿Era eso normal?
-Abre la boca- Él la interrumpió de sus pensamientos. -Pero sin abrir los ojos-
Érica experimentó una sensación indescriptible. Era suave, cremosa, una especie de mayonesa, pero con algo más fuerte. ¿Rábano? Sí era rábano. Mayonesa de rábano pero con algo más, algo picante. No sabía qué era pero estaba deliciosa.
-Uau. Está buenísima.-
-Sí, ¿de verdad te gusta?-
-Claro, mayonesa de rábano es súper original. ¿Para qué la utilizar? ¿Con qué maravilla la vas a mezclar?-
-Aún no lo he pensado… A parte si te lo dijera ¿dónde se quedaría la sorpresa?-dijo Sergio con un toque de misterio. Estaba segura que ya tenía el plato pensado y requete estudiado. En su profesionalidad Sergio era intachable.
Acabaron de desayunar con un momento de silencio nada incómodo. Érica volvió la sentir la paz que le producía esos muros. ¿En qué estaría pensando él? Ella tenía unas ganas locas de acostarse con Sergio. Miraba de reojo su cuerpo y el calor subía a sus mejillas. De repente no había más que Sergio, su lemon curd, cruasán, mayonesa de rábano picante… ¿Podría haber algo más excitante en la vida?
-¿Tienes algo que hacer hoy?- le preguntó Sergio.
-Creo que es el momento de que ya emigre a mi choza-
-No, no quería decir eso. Digo que si trabajas o algo...-
-Hoy no trabajo, de echo hasta dentro de tres días no vuelvo. Me debían unos días de vacaciones y...-
-Vale. ¿Cuánto tardas en cambiarte de ropa?-
-¿Unos quince minutos?-
-De acuerdo. Pues vamos, cogemos el coche te llevo a tu casa y te espero abajo. Señorita Érica, si has alucinado con la mayonesa de rábano. Prepárate para experimentar muchos nuevos sabores y olores-
Érica coge el teléfono, coño. Mierda, contestador. “Érica querida ¿cómo estás? Lo último que sé es que te fuiste casa de Sergio. ¿Llegaste a entrar? ¿Le diste la chapa y te echó de casa? ¿Te acostaste con él? ¿Te ha llamado Álex? Señorita a mí me ha dejado veinte mensajes. Le tienes loco. ¿Le vas a perdonar? Bueno llámame cuando oigas esto. Por cierto Pol y yo ya hemos perdido la chispa, ya sabes que después de cuatro polvos no tenía nada más que experimentar con él. Por cierto he pasado la noche con un alemán de veinte nueve años que conocí en el bar. No paraba de decir “Fick mich” que supongo que es dame,dame… Bueno llámame y te cuento”
“Sergio soy Elisabeth, bueno Beth. La ganadora de la cena de ayer. Por cierto, estuvo increíble. Gran noche, gran cena. ¿Has visto las críticas? Son maravillosas. Perdona que te moleste pero tu teléfono me lo ha dado Gina. Quería felicitarte y ofrecerte una cena esta noche en mi piso. Me ha costado pero ya tengo uno. Llámame y te paso ubicación. No seré tan buena chef como tú pero espero sorprenderte.
Beth se quedó esperando toda la noche solo con la compañía de un delicioso cordero al horno con mermelada de pera. Fue la cita más desastrosa que recordaba. A la una y media se fue a la cama, abatida, derrotada y enfadada. No con Sergio, si no consigo misma por no haber tenido la paciencia de recibir una contestación. ¿Se pensaba que era una especie de Diosa que nunca sería rechazada? Se había puesto a cocinar como una loca, sin pensar en la posibilidad de un no por respuesta. ¿Cuántas cosas, o mejor, cuántas personas querían ver hoy a Sergio? Lógico que ni siquiera él contemplase su propuesta. “Dios mío, me gusta mucho Sergio” A la una y treinta y tres de la noche se dio cuenta que no quería más citas sin que fuesen con él.
Marina recibió un solo mensaje de Érica: “Todo ok. Ya te cuento” Miró el móvil alucinada. “Vale, disfruta de tu historia” le contestó. “Querrás decir de Un‘Altra Storia” Marina se rió. Bien hecho.
Y es que lo que pasó al final con Érica y Sergio es “Un‘Altra Storia”.
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