jueves, 16 de julio de 2020

Sergio y sus pensamientos.

Me levanté con una extraña sensación. Estaba ansioso, feliz, inquieto, con unos nervios en el estómago que no me hacían sentir malestar. Al contrario, era como si me hubiese tomado la pastilla de la felicidad. Me sentía como si estuviese drogado. Cómo si a mi mente no la controlase yo, y fuera un coche que va solo por la carretera haciendo una ruta alternativa en mi vida. Así llegué al restaurante. Hoy era viernes y estábamos al completo. Había bastantes parejas que me habían pedido una mesa íntima. Una familia de seis personas y un grupo de tres amigos celebrando un cumpleaños. 40 cumplía Gerard, el chico que me había encargado la mesa. Me había pedido un pastel de mouse de chocolate y una vela de esas en forma de interrogante. “Cuarenta no son nada” pensé. Yo estaba acercándome peligrosamente hacia ese número y no me daba miedo. Tenía una vida bastante encauzada y podía afirmar que era feliz. De repente vi su cara. No era la chica más guapa del planeta, pero tenía una sonrisa perfecta. Dientes alineados, labios finos, cara ancha y ojos muy vivos. Daba la sensación que quería saber y aprender todo lo que pudiera en esta vida. Me la imaginé tumbada en la cama con el móvil viendo las noticias; saltando de un artículo a otro por recomendación de Google gracias al Big Data. Leyendo de ciencia, religión, historia, informándose sobre las últimas noticias de la Nasa y pensando “¿cómo he llegado yo al artículo de la celebración los veinticinco años del telescopio Hubble, si hace media hora estaba leyendo los diez mejores quesos del mundo?” Me apuesto una cena a que Érica es así. “¿Érica, que coño hago pensando en ella?” Son las diez de la mañana y ya había tenido tres mini sueños con ella. No le di importancia; ayer estuvimos hablando de temas que casi nunca puedo hablar con mis amigos. Tenemos muchas cosas en común. Su risa era encantadora. Es súper alegre, se ríe por todo y debo reconocer que tiene un punto muy sexy. Me encantó cuando se tocaba el pelo. Iba con unos vaqueros y una sudadera un poco vieja pero me pareció extremadamente atractiva. Le tendré que preguntar a Pol más detalles sobre ella. ¿Cómo será su cuerpo? ¿Es fogosa en la cama? ¿Gritona? ¿Dulce?

-Seguro que estás pensando en Beth. ¡Qué! ¿Pol te dio alguna idea ayer sobre cómo sorprenderla el miércoles?- Paola me despertó de mi lapsus. -Sí, ahora te cuento. Por cierto hoy tenemos un cumple. Hay que hacer mouse de chocolate.- -Perfecto jefe. Anda toma un café que veo que lo necesitas. Hoy tenemos que pagar al de los vinos y al carnicero. Pero dile que la próxima vez no nos intente colar una ternera de segunda, es un cara dura...-

Dejé de escucharla. ¿Por qué no había pensado en Beth desde ayer? ¿Qué me pasaba con Érica? ¿Era una chica más adecuada para mí? ¿Me gustan las dos? Por un momento la imaginación se me fue a una cama; una cama enorme de sábanas blancas y allí estaban las dos chicas con sus cuerpos desnudos mirándome y sonriendo. Eran un combo perfecto. Beth era guapa, elegante, misteriosa, sabe como conquistar a un hombre y tiene un sex apple innato. Érica es muy mona, tiene una sonrisa radiante, es dulce, alegre, algo despistada, torpe y tímida; pero eso te hace achucharla y desearla muchísimo. A las dos les encanta comer, degustar, descubrir y experimentar. Mi polla empezó a levantarse y yo seguí disfrutando de mi ensoñación. Paola me metió un grito ya que me pilló en el punto álgido de mi fantasía.

-Joder Sergio- Dijo gritando, mirándome el miembro y tapándose los ojos con el paño de cocina. -Lo siento.- pronuncié yo con cara de niño bueno. -Mira veo que hoy estás más raro de lo normal, y está claro que necesitas… ¡sexo!- comentó señalando mis partes. -Vete a casa. Desayunas, te masturbas, quedas con una folla amiga, contratas los servicios de una prostituta… Haz lo que quieras, pero en un par de horas te quiero centrado en tu trabajo. Tengo ideas que comentarte y te necesito al cien por cien. ¿Ok?- -Ok.- Afirmé. Paola tenía razón. Desde que conocí a Beth y luego a Érica mis lapsus eran más largos, estaba distraído, no me centraba en la cocina y solo pensaba en compartir mi vida con una mujer. Supongo que es lo que me faltaba para que mi existencia fuera completa. Tenía muchas ganas de enamorarme, de quizás formar una familia, de compartir mis platos, mis aficiones, mis sueños con alguien que los comprendiera de verdad. Mis amigos no eran mucho de buena comida. Pol era el peor, él come porque si no se muere. Miguel, Oriol y Fede son distintos. Intentan aprender lo que les enseño de los diferentes gustos, o de qué vino encaja mejor con cada plato; pero ni mucho menos tienen el nivel de Érica o Beth. Supongo que por eso me siento tan atraído por ellas. Es la guinda que mi gente no me puede dar. La conversación que con mi círculo no puedo tener y eso es un punto muy a favor de ellas. La cocina es mi vida y ellas lo entenderían. ¿Pero por quién decidirme? De momento por ninguna. Llegué a casa, me tumbé en mi sofá, respiré, me relajé y me puse a soñar.

Me metí en esa cama enorme con Érica y Beth. Me lamían todo el cuerpo. Se besaban entre ellas, se ponían aceite, se frotaban los pechos la una con la otra mirándome y sonriendo. Yo las abrazaba y me ponía a recorrer el cuerpo de Beth mientra Érica me besaba. Cuando llegaba al sexo de ella, Érica me cogía mi polla y me la introducía en Beth. Guau. ¡Qué sensación! Empezaba a penetrar a una y al rato a la otra. Eran sensaciones distintas pero no sabría cuál me gustaba más. Beth dominaba más y Érica era más dulce. Pero las dos rebosaban de pasión. Estaban súper compenetradas y cambiaban de posición y de ritmo justo cuando yo lo necesitaba. Al final apreté mi polla y salió disparado el semen que impactó contra el cojín del sofá. Joder, mierda. ¡Qué asco! Lo limpié, me duché, comí algo y llegué al restaurante totalmente renovado.

Le compré una magdalena de piñones a Paola y le di un beso en la mejilla. Ella y Gina eran mi mano derecha, sin ellas no podía haber construido esto. Paola habló de crear un blog sobre el restaurante. Sincronizarlo a la página que ya teníamos de Instagram y Facebook y ampliar las redes sociales creando una página de Twitter. Ella, que había estudiado publicidad y relaciones públicas, me presentó un proyecto muy desarrollado. -Podría ser un gran avance para el restaurante. Yo misma me podría encargas de las redes sociales. Colgar cosas más a menudo. Actualizar el blog cada semana. Sacar buenas fotos, y contactar con periodistas, críticos y revistas culinarias.- - ¿Cuánto me va a costar esto?- pregunté como un padre hacia su hija. -El proyecto me gusta, y sabemos que hoy en día todo funciona a través de las redes- - Sergio, yo he nacido para esto. Sabes que creo en el restaurante y creo en ti. Eres un gran chef y hay que hacer algo para que Barcelona se entere que este sin duda es el mejor restaurante de la ciudad. Solo necesito un ordenador nuevo, una cámara un poco decente y unas horas menos de mi trabajo actual para poderme dedicar al blog- -¿Solo eso? Acepto encantado. Mi abuela decía que hay que confiar en las nuevas generaciones. El lunes te vas a comprar lo que necesites y empezamos a hacer “Un’Altra storia 5.0-

La mañana se nos pasó volando. El turno de comidas fue sencillo. Mientras yo estaba en casa disfrutando de mi trío imaginario, Paola había preparado algún primero del menú del mediodía. Era mi chica para todo. Tenía veinticinco años y estaba dispuesta a comerse el mundo. Era buena cocinera y me ayudaba con los menús, las compras y los proveedores. Gina era mejor camarera que ella. Paola no se fijaba mucho en las personas, ni en qué mesa le faltaba el postre o los segundos; pero era buena administrativa y esperaba que una excelente publicista. La carrera y el máster al menos demostraban que conocía la teoría. Recuerdo perfectamente el día que se presentó para la entrevista. Lo primero que me dijo era que cocinaba bastante bien y que le encantaba comer. Quería probar trabajando un tiempo en un restaurante, ya que su sector estaba un poco jodido y necesitaba dinero para independizarse. En la primera semana se había hecho con las facturas, los proveedores y un poco con los fogones. Así que era mi niña mimada. Confiaba en ella cien por cien y creo que la idea de ampliar las redes sociales puede ser un gran acierto. De si primer día ya habían pasado dos años. Se independizó el año pasado y ahora que no vive con su madre está más tranquila y más feliz. Es curioso como cada familia es un mundo. Si nos ponemos a pensar, no hay ninguna familia ideal. Las pelis de los sesenta que creaban esa imagen tan “de los Brady”, habían hecho mucho daño. No he conocido a nadie que no se queje de algo en su propia familia.

Miré el reloj, eran las nueve y veinte de la noche. Empezaba el turno de cenas. Gina no venía hoy. Estábamos Paola y yo. Espero que esté atenta a todo y no tenga ningún despiste en servir los platos. Noté un brazo que se ponía en medio de mi visión.
-¡Sergio!- dijo una voz familiar. - ¿Érica? ¿Qué haces aquí?- -Si me lo permites, cenar- dijo mientras se reía. -Te presento a Alex. Él ha escogido el restaurante, mira, casualidades de la vida. Últimamente estoy teniendo muchas...- -Bienvenidos, pasar, pasar. Paola por favor acompaña a Alex y Érica a la mesa siete. Es la más íntima- dije guiñándole el ojo a Alex.

Él le apartó la silla y le dio la mano para ayudarla a sentarse. Qué gilipollas, ¿estamos en el siglo XVI o qué? Joder, ella estaba guapísima. Lucía un vestido verde oscuro de manga larga y ajustado a su cintura. No paraba de mirale y sonreír. Dios, hasta le estaba tocando la mano. A ver, ¿qué coño estoy haciendo? Es una chica normal, Beth es extraordinaria, Beth es mi chica, ella es la que tengo que conquistar y enamorar. No esta guarra de Érica. Cada día viene con uno diferente, ¿que es una gigoló? ¿Una femme fatal? ¿Una prostituta?. No, alguien tan dulce no puede ser nada de esto. Supongo que busca algo que no encuentra. Estabilidad. Amor. Pasión. Comprensión. Joder lo mismo que yo. Seguro que sueña con tener hijos, con formar algo serio, con su príncipe azul, Y mientras lo encuentra y no, pues disfruta. ¿Quién la puede culpar? Con lo sexy que está esta noche, podría pasar por una modelo de esas de Victoria Secret. Cálmate. Sergio lo que tienes que hacer es cocinar, y hacer tu trabajo. No pienses más en ella. Beth, centrate en Beth. El plan de Pol es muy original y lo voy a poner en práctica. Se lo voy a explicar a Paola.

-Es genial. Pol es bueno haciendo sorpresas. Dile que para mi próximo cumple quiero un plan tan bueno como el de Beth. Bueno Sergio, ahora que están todos servidos y disfrutando de tu extraordinaria cocina. ¿Me puedes explicar quién es Érica?- - Ejem… Te ha pasado alguna vez que te has pillado por dos chicos y no sabes cuál elegir?- -Sí, alguna vez.- -Y ¿qué haces?- Pues mira, el principio es lo más complicado. Tienes que salir con cada uno un par o tres de veces. En las citas no seas racional, tienes que mirar en tu interior y analizar lo que sientes. Porque en cualquier momento llega “el gesto”- -¿El gesto?- -”El gesto” es una expresión corporal que hace alguna de las dos y que marca la diferencia. Me explico: una mirada, una cogida de manos, una sonrisa, un susurro… algo que a ti se te mete directamente en el corazón, y que éso hace que sepas cuál es tu elección correcta. No pongas esa cara de asustado. Siempre, siempre pasa. A veces es más pronto o más tarde, pero siempre hay algo que destacará por encima la una de la otra y ahí sabrás qué hacer.- Sonreí a Paola. Podría servir…-Así que las dos candidatas son Érica Y Beth, ¿no?- Asentí. -Luego no te escapas y me lo cuentas todo...- Volví a asentir.

“El gesto” eso en hizo pensar en la cocina. Se me estaba formando una idea en la cabeza que podría tener su gracia. Imaginaos dos platos de pasta iguales. Hechos con la misma salsa, con los mismos ingredientes, con la misma harina, pero cuando pruebas uno y a continuación otro, “notas el gesto” un pequeño toque de pimienta, guindilla, limón. Un ingrediente secreto camuflado en uno de los platos. Lo podía hacer con las parejas. Que se pidieran el mismo menú y quién adivinara en qué plato está “el gesto” pues tuviera el postre gratis, o el vino, o algo gratis. Alguna sorpresa que a mí me salga a cuenta económicamente, y para los clientes sea un atractivo más de mi cocina. El lunes se lo explicaré a las chicas. La gracia es que sea secreto. Muchas mujeres prueban los platos de sus parejas aunque sea lo mismo. Seguro que la primera que se da cuenta del gesto es una mujer. Vendrá a la cocina a decir “porqué este carbonara sabe diferente. El de mi marido está más rico...” me reí. Acabaré de pensar la idea estos días. Si lo hago sorpresa, sin decir nada, puede que piensen que hay algún ingrediente en mal estado. Sí, definitivamente se tiene que explicar. Me giré hacia Érica. Me encantaba como disfrutaba del vino. Cerraba los ojos, se pasaba la lengua por los labios y charlaba con su acompañante súper emocionada. Yo mismo les llevé los postres a la mesa y les pregunté como habían cenado.

-Los spaguettis con chipirones estaban impresionantes- dijo Alex. Al menos parecía que le gustaba la comida. No iba a ser un fracaso de noche para Érica como había sido su cita con Pol.
-Sergio, te lo he dicho en otras ocasiones, pero eres un chef increíble. Gracias por todo. La lasagna de carne estaba cojonuda.-
-Gracias chicos. Con clientes así da gusto cocinar. Ahora os traigo los cafés y un licorcito. Por cierto, estos comentarios tan agradables tienen su recompensa. A parte de un subidón para mi ego, quedáis invitados a los postres, cafés y vino- Lo dije bajito, ya que mi restaurante estaba en un local no muy grande y en cuanto se enteran de que has invitado a algún cliente, todos quieren lo mismo. La novatada de las primeras semana fue esa. Invitar a amigos que venían y acabar todo el local sin pagar postre ni café. Cuando cerré el primer mes, me dije que tenía que bajar unos decibelios mi tono de voz, o en seis meses estaría en la ruina. Eché la vista atrás y descubrí todo lo que había aprendido en estos años.
-Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz- -Viejuno- -Ya llegas a la edad buena-
Los fiesteros interrumpieron mis pensamientos. Salí con unos cuántos para todos y es que los cuarenta lo merecían. Eso y que solo quedaban en el local ellos y la mesa de Érica… Como decía antes estos años me han dado un bagaje extraordinario.

-Sergio muchas gracias por todo, nos vamos- dijo Érica mientras me daba dos besos. Hizo un gesto un poco raro mientras se tocaba la nariz. Se acercó a mi cuello y me olisqueó.
-¿Hueles a azahar?- -Sí- dije yo -Mi tía me regaló Givenchy estas navidades. ¿Pasa algo?- -Nada, nada. Huele súper fresca y muy bien.- -Yo uso Paco Rabanne- dijo Alex sintiéndose un poco fuera de lugar. -Sí, ya la he reconocido- dijo Érica mientras se giraba y me hacía un gesto de desagrado.
-Buenas noches chicos, divertiros- dijo Paola mientras les cerraba la puerta.

-Jefe, recogemos rápido que te tengo que dar una clase acelerada sobre los gestos no verbales de una mujer-

Y así terminé la noche. Tomando apuntes sobre las chicas, en una clase particular que me estaba dando mi empleada, a la cuál le sacaba más de diez años. No sé que pasará con Érica, con Beth y conmigo. ¿Mi corazón a quién elegirá? ¿Podré hacer la pantomima de salir con las dos a la vez sin que se enteren? ¿Se acabarán enterando y me quedaré sin ninguna? ¿Es mejor elegir una e ir a por ella? ¿Qué tiene que ver el azahar con todo? ¿Porqué estoy haciéndome preguntas a las cuatro de la mañana sin dormir? ¿Es esto volverse loco de amor? ¿Se puede considerar amor si ni siquiera ha habido contacto físico con ninguna? Cerré los ojos y soñé con una. ¿Mi mente, que va a su bola, ya había elegido? El sueño resultó muy revelador.

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