viernes, 10 de julio de 2020

Érica al desnudo.

A veces la vida te llena de casualidades, y últimamente estaba teniendo muchas. Me encontraba a Pol, Sergio y Beth por todos los lados. ¿El mundo se había vuelto loco o simplemente me estaba haciendo una broma cósmica? Llegué a casa pensando en ello. Marina me había acercado en su nuevo coche y habíamos llegado rapidísimo. Después de dejarme tres vestidos y dos pares de zapatos, agradecí el detalle. Con tantas bolsas por el metro, alguna me hubiese dejado seguro...

Si yo fuera lesbiana, ella sería mi novia ideal. Me había invitado al tapeo y a las copas, era sexualmente una máquina, me llevaba en coche hasta casa y encima había elegido la próxima cita Tinder, por mí. Un morenazo guapísimo, que no sé porqué, había pasado por mi pantalla sin darle un super like. Era arquitecto, ojos azules, cuerpo atlético, coche, moto, barco y esperaba que un gusto esplendido para la comida. De momento ya tenía plan para mañana. Deseaba que Marina estuviera más acertada que yo, en lo que a mi vida sentimental se refería.

-Bueno sobre el papel…- le había dicho yo un poco reticente. -Bahh! No digas esas chorradas, ¿en serio crees en éso? “Bueno sobre el papel, malo en la realidad”- dijo ella mirándome con sus profundos ojos verdes. -Ahora me dirás que “manos grandes, polla gigante” Pues te aseguro que no es...- -Shhh.- le corté. -Mierda, ahí entran Pol y Sergio. Pol, el de ayer- dije casi susurrando.-¿Qué coño está haciendo aquí? No habrán bares en Barcelona…- -Joder es mucho más guapo que en la foto. Ostia, su amigo el cocinero está muy bien, y eso no me lo habías dicho…- Se quedó pensativa unos momentos -Sé perfectamente en lo que estas pensando, guarra- le dije con una sonrisa mientras me tapaba un poco la cara. No quería que me vieran y menos que dijeran eso de “¿compartimos la mesa?” Menos mal que este local siempre está a tope y es fácil pasar desapercibida. ¡Nooo!. Se han sentado al lado del lavabo. Y me estoy meando… Creo que puedo aguantar… No beberé más y solucionado. Pero el vino está tan bueno. ¿Y si me pido agua? Seré idiota, eso también me hace mear… -¿Crees que han hecho algún trío juntos?- Mi amiga, la que si no tiene tres orgasmos al día, no es persona, me despertó de mi lapsus. -Tía, ¿todavía estás pensando en eso?- -Perdona por tener una vida sexual envidiable- Nos miramos y nos reímos.

Y es que así era ella, sencillamente divina. Seguimos hablando con Alex un rato más. Las dos nos reíamos de sus bromas, de sus ironías y de su salidas de tono, siempre moderadas y con un punto picante. Marina decidió sin lugar a dudas que Alex y yo teníamos que quedar pronto. Según ella no podíamos perder el tempo, “Tinder es como un mar lleno de tiburones (en este caso tiburonas) a la caza de un hombre como Alex” había dicho desprendiendo sabiduría con la mirada. Sin más dilación concertamos la cita para el día siguiente a las 21.30. Me encantaba jugar a Tinder con ella. Era bromista, inteligente, captaba rápido mi gusto y tenía un poder increíble para detectar a los gilipollas. Aunque desgraciadamente, ese poder no le servía para sí misma… Marina, que era una adicta a los detalles, insistió en ir a su casa y dejarme un vestido para la cena de Alex. Debería estar impresionante. Mientras ella pagaba la cuenta, mi vagina dijo basta, así que me levanté y me dirigí al aseo. De camino me preparé un “Hola” con la mejor entonación de sorpresa que pude fingir después de tres copas de tinto. Pol y Sergio me saludaron alegremente, pero por mucho que lo disimulara, pude ver la misma incomodidad en Pol que yo había tenido un rato antes. Les dejé claro que ya me iba para que él pudiera respirar con tranquilidad. Sergio me dijo que tenía platos nuevos en la carta y que me pasara cuando quisiera. Hablamos durante bastante rato de de su talento, creatividad y su saber hacer en la cocina. Empezamos a criticar los restaurantes más conocidos de la ciudad, los platos típicos, los vinos. Y descubrimos que los dos adorábamos la tortilla con cebolla y odiábamos el té. ”¡Café forever!” Dijimos a la vez. Nos miramos, sonreímos y sentí un cosquilleo en el estómago que me hizo irme tan rápido que casi tiro una silla por el camino.

Mientras me dirigía a la salida pensé en lo que acababa de pasar. ¿Me había equivocado de amigo?¿Después de haberme acostado con Pol tendría alguna posibilidad con Sergio? ¿Es cierto eso de que los amigos se respetan tanto, que no se acuestan con alguien que ya se ha tirado su amigo? ¿O éso pasa solo con las novias formales y con los rollos sí que se puede? Borré de mi mente a Sergio. Había puesto mi vida sentimental en manos de Marina así que Alex era mi opción adecuada.

Alex y Érica. Sonaba bien. Me espachurré en el sofá y me puse a mirar su perfil. Arquitecto. Con coche, moto y ¡Barco!. Respiré, cerré los ojos y me puse a soñar. Me imagino navegando hasta Sardenya con él, a la luz del sol. Follando en proa, o en popa. Bañándonos desnudos en aguas del Mediterráneo. Podía oler la sal en su piel. Sería una mezcla de sal y perfume de azahar. Me encantaba ese olor. Mi chico ideal tendría que oler a azahar. Pararíamos en medio de alta mar para mirar las estrellas. Él me cogería por detrás y me pondría su jersey en los hombros. La brisa marina siempre es muy húmeda. Me empezaría a besar en el cuello, me diría cosas bonitas sobre mi persona y me abrazaría. Muy lentamente me haría girar hacia él y me daría un largo y húmedo beso en los labios. En ese momento la pasión se encendería y el frío de la brisa desaparecería. Nos arrancaríamos la ropa y se tumbaría encima mío sintiendo el peso de su cuerpo en mi piel. Me excitaría muchísimo y enseguida le diría que me penetrase. Guau. Que sensación. Él se movería lento al principio. Jugaría con mi sexo y me haría impacientarme por las embestidas. Me miraría con sus profundos ojos azules y me sonreiría. Mi impaciencia me haría ponerme encima y coger las riendas del movimiento. Haría que mis caderas danzaran al ritmo de nuestros cuerpos y así conseguir un orgasmo brutal. Una vez acabado, nos tumbaríamos en cubierta y miraríamos unos segundos al firmamento. Las estrellas nos harían recuperar fuerzas y esta vez él, marcaría el ritmo; siempre mirándome a los ojos, cogiéndome las manos y gritando a la luz de la luna cuando llegase al segundo orgasmo. Yo sonreiría y a continuación me correría, notando su miembro todavía dentro mío y sintiéndome la mujer más sexy del planeta. Abrí los ojos y noté mis dedos húmedos dentro de mi vagina. Vaya orgasmo más bueno. Me levanté y fui directa a cambiarme. Me acosté con una sensación de paz que hace mucho que no tenía. ¿Marina era tan buena que me había encontrado al amor verdadero? ¿O eran las ganas que tenía de que algo en mi vida saliera bien? Sea lo que sea aquella noche no me costó nada conciliar el sueño. Al rato un wassap me despertó dejándome totalmente helada...


Aparqué el coche y pensé en mi conversación con Érica. Es tan inocente, que a veces me da pena. La achucharía durante un mes y le protegería de la absoluta verdad de que el amor no existe. Ella tiene treinta y cinco años y parece una nena de trece. Cree en Disney, en que algún día vendrá el príncipe azul, en que se casará antes de los cuarenta y en que la monogamia dominará su vida y su matrimonio. Pobrecita. ¿Cuando abrirá los ojos a la cruda realidad? No la juzgo, todas las niñas de este mundo hemos empezado así, pero yo dije basta a los veinte años. Creí en mí misma, vi que yo sola podía dominar el mundo y no necesito un príncipe, ni un rey a mi lado. En eso pensaba cuando me sonó el móvil… ¡Un match! ¡Oh Dios! ¿Es Pol? Lógico, está por la zona, es guapo y con ganas de sexo, así que tira de Tinder. “Hola! Son las 12.30. ¿Estás aburrido? ¿No puedes dormir?¿Estás cachondo?” “Vaya me impresionan las chicas sinceras y que saben lo que se hacen, acabo de dejar a mi amigo en casa y sí, podría decir que siento un poco de las tres cosas” ”¿Conoces el Sol de Nit?¿En media hora allí?” “ Perfecto. Por cierto no hace falta que te pongas bragas” “Tranquilo nunca las llevo”

Vaya, nunca pensé que fuera tan fácil. ¿Érica se enfadará? No creo. Entre nosotras no hay ese pacto tan estúpido que tienen algunos tíos. De hecho le voy a enviar un pantallazo y un audio. Seguro que se parte de risa.

-¿Tía, en serio has quedado con él? Estaba frita, me he masturbado pensando en Alex y he tenido un orgasmo increíble-
-Bien hecho nena. Sí tía, muy fuerte. Ya sabes que Pol es más parecido a mí que a ti. Me ha hecho match y mira, hemos quedado ¿Te enfadas?-
-Que va guapi. Disfrútalo. Ya te dije en el mail de esta mañana que yo no quiero saber mucho de él...-
-Ok. Me quedo tranquila entonces. Bueno ¿alguna recomendación o consejo?-
-En el cunilingus es tan bueno como mi ex. Incluso diría que mejor. Ah y tiene una manía muy divertida… No sé si contártela...-
-No seas así, dímelo-
-Ok. Es… siéntate porque te vas a partir… le gusta que a su miembro le llames “comandante”. Del palo “voy a meterme al comandante” o “creo que al comandante hay que lamerlo muy bien”-
-¿En serio?- Se oían las risas de Marina hasta la calle de abajo. -Joder que risa. Y voy sin bragas así que para… que me meo.-
-A mí, al principio me entró una risa que tuve que poner la escusa de ir al servicio, pero me sentaba en la taza del water y me descojonaba. “Mi comandante” ¿Tendrá problemas de autoestima este pavo?-
-Bueno te dejo tía, que estoy viendo que llega “mi comandante”-
-Ok. Recuerda el cunilingus brutal. Disfruta. Y mañana quiero detalles. Ciao-

Me encantaba Marina, tenía una personalidad muy distinta a mí. Le movía el sexo, la pasión y la diversión. Yo la admiraba por eso. Me encantaba que se acostase con chicos que yo también me había acostado. Así podíamos contarnos cosas y decir aquello de: “¿a ti te hizo esto, o lo otro?” O como con Pol y lo del comandante. No sé porque no se lo conté en el mail. Supongo que Barcelona es muy pequeña y tenía la esperanza de que lo descubriera algún día por si misma… Es que no es la primera vez que Marina y yo compartimos gustos y chicos en la cama. Cuando para mí son rollos sin importancia, no me molesta que coincidamos; cuando ha sido algo más serio, reconozco que un poco sí que me importa. Más que nada porque ella los va a usar y tirar, y eso me duele. Marina a los veinte sufrió un montón por amor. Carlos, su novio desde el instituto, le puso varias veces los cuernos. Éso, le destrozó. A los tres meses salió de su habitación totalmente renovada. Empezó con la venganza más cruel que puede sufrir un tío. Hizo correr bulos por la universidad. “Que si era un picha floja y tenía problemas de erección”, “que si creía fervientemente que era homosexual...” “Que si su polla se podía considerar un micropene” Vamos que Carlos se convirtió gracias a ella, en un marginado durante todos los años de la universidad. Eso le dio un poder, un orgullo y le hizo sentirse tan bien, que nunca más se quiso enamorar. Lleva quince años cerrándose en banda ante este agradable sentimiento. Cada día deseo que encuentre a alguien que le saque de esta lucha que tiene contra el amor y se decida por fin a vivirlo y a disfrutarlo.
¿Podría “el comandante” ser esa persona?

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