A veces la vida te llena de casualidades, y últimamente estaba
teniendo muchas. Me encontraba a Pol, Sergio y Beth por todos los
lados. ¿El mundo se había vuelto loco o simplemente me estaba
haciendo una broma cósmica? Llegué a casa pensando en ello. Marina
me había acercado en su nuevo coche y habíamos llegado rapidísimo.
Después de dejarme tres vestidos y dos pares de zapatos, agradecí
el detalle. Con tantas bolsas por el metro, alguna me hubiese dejado
seguro...
Si yo fuera
lesbiana, ella sería mi novia ideal. Me había invitado al tapeo y a
las copas, era sexualmente una máquina, me llevaba en coche hasta
casa y encima había elegido la próxima cita Tinder, por mí. Un
morenazo guapísimo, que no sé porqué, había pasado por mi
pantalla sin darle un super like. Era arquitecto, ojos azules, cuerpo
atlético, coche, moto, barco y esperaba que un gusto esplendido para
la comida. De momento ya tenía plan para mañana. Deseaba que Marina
estuviera más acertada que yo, en lo que a mi vida sentimental se
refería.
-Bueno sobre el papel…- le había dicho yo un poco reticente.
-Bahh! No digas esas chorradas, ¿en serio crees en éso? “Bueno
sobre el papel, malo en la realidad”- dijo ella mirándome con sus
profundos ojos verdes. -Ahora me dirás que “manos grandes, polla
gigante” Pues te aseguro que no es...- -Shhh.- le corté. -Mierda,
ahí entran Pol y Sergio. Pol, el de ayer- dije casi susurrando.-¿Qué
coño está haciendo aquí? No habrán bares en Barcelona…- -Joder
es mucho más guapo que en la foto. Ostia, su amigo el cocinero está
muy bien, y eso no me lo habías dicho…- Se quedó pensativa unos
momentos -Sé perfectamente en lo que estas pensando, guarra- le dije
con una sonrisa mientras me tapaba un poco la cara. No quería que me
vieran y menos que dijeran eso de “¿compartimos la mesa?” Menos
mal que este local siempre está a tope y es fácil pasar
desapercibida. ¡Nooo!. Se han sentado al lado del lavabo. Y me estoy
meando… Creo que puedo aguantar… No beberé más y solucionado.
Pero el vino está tan bueno. ¿Y si me pido agua? Seré idiota, eso
también me hace mear… -¿Crees que han hecho algún trío
juntos?- Mi amiga, la que si no tiene tres orgasmos al día, no es
persona, me despertó de mi lapsus. -Tía, ¿todavía estás pensando
en eso?- -Perdona por tener una vida sexual envidiable- Nos miramos y
nos reímos.
Y es que así era ella, sencillamente divina. Seguimos hablando con
Alex un rato más. Las dos nos reíamos de sus bromas, de sus ironías
y de su salidas de tono, siempre moderadas y con un punto picante.
Marina decidió sin lugar a dudas que Alex y yo teníamos que quedar pronto.
Según ella no podíamos perder el tempo, “Tinder es como un mar
lleno de tiburones (en este caso tiburonas) a la caza de un hombre
como Alex” había dicho desprendiendo sabiduría con la mirada. Sin
más dilación concertamos la cita para el día siguiente a las
21.30. Me encantaba jugar a Tinder con ella. Era bromista,
inteligente, captaba rápido mi gusto y tenía un poder increíble
para detectar a los gilipollas. Aunque desgraciadamente, ese poder no
le servía para sí misma… Marina, que era una adicta a los
detalles, insistió en ir a su casa y dejarme un vestido para la cena
de Alex. Debería estar impresionante. Mientras ella pagaba la
cuenta, mi vagina dijo basta, así que me levanté y me dirigí al
aseo. De camino me preparé un “Hola” con la mejor entonación
de sorpresa que pude fingir después de tres copas de tinto. Pol y
Sergio me saludaron alegremente, pero por mucho que lo disimulara,
pude ver la misma incomodidad en Pol que yo había tenido un rato
antes. Les dejé claro que ya me iba para que él pudiera respirar
con tranquilidad. Sergio me dijo que tenía platos nuevos en la carta
y que me pasara cuando quisiera. Hablamos durante bastante rato de de
su talento, creatividad y su saber hacer en la cocina. Empezamos a
criticar los restaurantes más conocidos de la ciudad, los platos
típicos, los vinos. Y descubrimos que los dos adorábamos la
tortilla con cebolla y odiábamos el té. ”¡Café forever!”
Dijimos a la vez. Nos miramos, sonreímos y sentí un cosquilleo en
el estómago que me hizo irme tan rápido que casi tiro una silla por
el camino.
Mientras me dirigía a la salida pensé en lo que acababa de pasar.
¿Me había equivocado de amigo?¿Después de haberme acostado con
Pol tendría alguna posibilidad con Sergio? ¿Es cierto eso de que
los amigos se respetan tanto, que no se acuestan con alguien que ya
se ha tirado su amigo? ¿O éso pasa solo con las novias formales y
con los rollos sí que se puede? Borré de mi mente a Sergio. Había
puesto mi vida sentimental en manos de Marina así que Alex era mi
opción adecuada.
Alex y Érica. Sonaba bien. Me espachurré en el sofá y me puse a
mirar su perfil. Arquitecto. Con coche, moto y ¡Barco!. Respiré,
cerré los ojos y me puse a soñar. Me imagino navegando hasta
Sardenya con él, a la luz del sol. Follando en proa, o en popa.
Bañándonos desnudos en aguas del Mediterráneo. Podía oler la sal
en su piel. Sería una mezcla de sal y perfume de azahar. Me
encantaba ese olor. Mi chico ideal tendría que oler a azahar.
Pararíamos en medio de alta mar para mirar las estrellas. Él me
cogería por detrás y me pondría su jersey en los hombros. La brisa
marina siempre es muy húmeda. Me empezaría a besar en el cuello, me
diría cosas bonitas sobre mi persona y me abrazaría. Muy lentamente
me haría girar hacia él y me daría un largo y húmedo beso en los
labios. En ese momento la pasión se encendería y el frío de la
brisa desaparecería. Nos arrancaríamos la ropa y se tumbaría
encima mío sintiendo el peso de su cuerpo en mi piel. Me excitaría
muchísimo y enseguida le diría que me penetrase. Guau. Que
sensación. Él se movería lento al principio. Jugaría con mi sexo
y me haría impacientarme por las embestidas. Me miraría con sus
profundos ojos azules y me sonreiría. Mi impaciencia me haría
ponerme encima y coger las riendas del movimiento. Haría que mis
caderas danzaran al ritmo de nuestros cuerpos y así conseguir un
orgasmo brutal. Una vez acabado, nos tumbaríamos en cubierta y
miraríamos unos segundos al firmamento. Las estrellas nos harían
recuperar fuerzas y esta vez él, marcaría el ritmo; siempre
mirándome a los ojos, cogiéndome las manos y gritando a la luz de
la luna cuando llegase al segundo orgasmo. Yo sonreiría y a
continuación me correría, notando su miembro todavía dentro mío y
sintiéndome la mujer más sexy del planeta. Abrí los ojos y noté
mis dedos húmedos dentro de mi vagina. Vaya orgasmo más bueno. Me
levanté y fui directa a cambiarme. Me acosté con una sensación de
paz que hace mucho que no tenía. ¿Marina era tan buena que me había
encontrado al amor verdadero? ¿O eran las ganas que tenía de que
algo en mi vida saliera bien? Sea lo que sea aquella noche no me
costó nada conciliar el sueño. Al rato un wassap me despertó
dejándome totalmente helada...
Aparqué el coche y pensé en mi conversación con Érica. Es tan
inocente, que a veces me da pena. La achucharía durante un mes y le
protegería de la absoluta verdad de que el amor no existe. Ella
tiene treinta y cinco años y parece una nena de trece. Cree en
Disney, en que algún día vendrá el príncipe azul, en que se
casará antes de los cuarenta y en que la monogamia dominará su vida
y su matrimonio. Pobrecita. ¿Cuando abrirá los ojos a la cruda
realidad? No la juzgo, todas las niñas de este mundo hemos empezado
así, pero yo dije basta a los veinte años. Creí en mí misma, vi
que yo sola podía dominar el mundo y no necesito un príncipe, ni un
rey a mi lado. En eso pensaba cuando me sonó el móvil… ¡Un
match! ¡Oh Dios! ¿Es Pol? Lógico, está por la zona, es guapo y
con ganas de sexo, así que tira de Tinder. “Hola! Son las 12.30.
¿Estás aburrido? ¿No puedes dormir?¿Estás cachondo?” “Vaya
me impresionan las chicas sinceras y que saben lo que se hacen, acabo
de dejar a mi amigo en casa y sí, podría decir que siento un poco
de las tres cosas” ”¿Conoces el Sol de Nit?¿En media hora
allí?” “ Perfecto. Por cierto no hace falta que te pongas
bragas” “Tranquilo nunca las llevo”
Vaya, nunca pensé que fuera tan fácil. ¿Érica se enfadará? No
creo. Entre nosotras no hay ese pacto tan estúpido que tienen
algunos tíos. De hecho le voy a enviar un pantallazo y un audio.
Seguro que se parte de risa.
-¿Tía, en serio has quedado con él? Estaba frita, me he masturbado
pensando en Alex y he tenido un orgasmo increíble-
-Bien hecho nena. Sí tía, muy fuerte. Ya sabes que Pol es más
parecido a mí que a ti. Me ha hecho match y mira, hemos quedado ¿Te
enfadas?-
-Que va guapi. Disfrútalo. Ya te dije en el mail de esta mañana que
yo no quiero saber mucho de él...-
-Ok. Me quedo tranquila entonces. Bueno ¿alguna recomendación o
consejo?-
-En el cunilingus es tan bueno como mi ex. Incluso diría que mejor.
Ah y tiene una manía muy divertida… No sé si contártela...-
-No seas así, dímelo-
-Ok. Es… siéntate porque te vas a partir… le gusta que a su
miembro le llames “comandante”. Del palo “voy a meterme al
comandante” o “creo que al comandante hay que lamerlo muy bien”-
-¿En serio?- Se oían las risas de Marina hasta la calle de abajo.
-Joder que risa. Y voy sin bragas así que para… que me meo.-
-A mí, al principio me entró una risa que tuve que poner la escusa
de ir al servicio, pero me sentaba en la taza del water y me
descojonaba. “Mi comandante” ¿Tendrá problemas de autoestima
este pavo?-
-Bueno te dejo tía, que estoy viendo que llega “mi comandante”-
-Ok. Recuerda el cunilingus brutal. Disfruta. Y mañana quiero
detalles. Ciao-
Me encantaba Marina, tenía una personalidad muy distinta a mí. Le
movía el sexo, la pasión y la diversión. Yo la admiraba por eso.
Me encantaba que se acostase con chicos que yo también me había
acostado. Así podíamos contarnos cosas y decir aquello de: “¿a
ti te hizo esto, o lo otro?” O como con Pol y lo del comandante. No
sé porque no se lo conté en el mail. Supongo que Barcelona es muy
pequeña y tenía la esperanza de que lo descubriera algún día por
si misma… Es que no es la primera vez que Marina y yo compartimos
gustos y chicos en la cama. Cuando para mí son rollos sin
importancia, no me molesta que coincidamos; cuando ha sido algo más
serio, reconozco que un poco sí que me importa. Más que nada porque
ella los va a usar y tirar, y eso me duele. Marina a los veinte
sufrió un montón por amor. Carlos, su novio desde el instituto, le
puso varias veces los cuernos. Éso, le destrozó. A los tres meses
salió de su habitación totalmente renovada. Empezó con la venganza
más cruel que puede sufrir un tío. Hizo correr bulos por la
universidad. “Que si era un picha floja y tenía problemas de
erección”, “que si creía fervientemente que era homosexual...”
“Que si su polla se podía considerar un micropene” Vamos que
Carlos se convirtió gracias a ella, en un marginado durante todos
los años de la universidad. Eso le dio un poder, un orgullo y le
hizo sentirse tan bien, que nunca más se quiso enamorar. Lleva
quince años cerrándose en banda ante este agradable sentimiento.
Cada día deseo que encuentre a alguien que le saque de esta lucha
que tiene contra el amor y se decida por fin a vivirlo y a
disfrutarlo.
¿Podría “el comandante” ser esa persona?
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