Llevaba una época bastante nervioso. Hacía unos años me había
embarcado en un negocio propio, y últimamente no iba lo bien que me
esperaba. Echaba de menos la oficina, los trajes, las reuniones en el
extranjero… Pero hablando con el corazón, en aquella época no era
feliz del todo. Me costó años darme cuenta, y muchos meses tomar la
decisión de cambiar de vida. Pero reconozco que es lo mejor que he
hecho nunca. Me vaya mejor o peor, ahora soy feliz. ¿Y no es éso lo
que buscamos todos en la vida?
Tengo
treinta y siete años y debo decir que no ha sido fácil encontrar
sentido a mi vida. Conseguí independizarme antes de los treinta.
Todo un logro hoy en día. Acabé la carrera, hice un máster y
enseguida me cogieron en una importante empresa. Era un poco
estresante la competencia que había por ascender, pero cuando daban
las cinco, cerraba el portátil y me iba a vivir. Para conseguir
mantenerte cuerdo en este tipo de trabajo; a las cinco, tu cabeza
tiene que desconectar y conectarse a tu vida. Los primeros años
estuvo genial. Ganaba bastante dinero, viajaba con mis amigos, tenía
muchos hobbies y muchos planes de vida. A los treinta y dos me
compré un piso. No está en el mejor barrio, pero es bonito, tiene
unos parques cerca y una gran terraza desde donde se ve el Tibidabo.
A los treinta y cuatro me dio la crisis existencial de los treinta.
En la vida siempre he ido con algo de retraso… Y fue cuando tomé
la decisión de cambiar de vida. Con el dinero que tenía ahorrado,
invertí en este negocio, un gran acierto. No fue fácil. Pasé de
tener una vida casi solucionada; a involucrarme en algo, que no
sabría si iba a ir bien. En algo, que, sin ayuda prácticamente de
nadie, tendría que sacarlo adelante con mi ingenio, mi capacidad y
mi voluntad. Pero así soy yo. Un chico valiente en algunas cosas.
Menos mal que no en todas...
En
el aspecto sentimental, soy lo que diríamos un poco gilipollas.
Retromonguer es como me llama mi mejor amigo Pol. Supongo que he
perdido la oportunidad de estar con chicas maravillosas debido a mis
miedos. Sí, reconozco que soy un poco cobarde, a veces. ¿Sabéis
cuando tienes trece años y te dan miedo las chicas? Pues creo que
mentalmente tengo trece y medio. A ver, aclaremos puntos. Obviamente
no soy virgen ni nada así. Y he tenido cuatro relaciones de varios
años cada una. E incluso con la última, hemos convivido juntos. Fue
una experiencia interesante. Lo más curioso de todo, era intentar
saber, cuántas cremas usáis las chicas. No podía ser que hubiera
tantas. Seguro que algunas las tenía repetidas… El concepto
cremas, lo utilizo para serum del pelo, desmaquillador y algunos
potingues de maquillaje. Vamos, para mí las “cremas” es todo lo
que os ponéis en el cuerpo y pelo. Supongo, que por este motivo,
imposible distinguir entre crema hidratante de rizos y crema
hidratante de pies, me gané el desamor de Laura. Ella se lo tomaba
todo muy en serio, yo solo hacía chistes. Vamos a ver, no decís
siempre que os gustan los tíos con sentido del humor. La chica de
las cien cremas, que tuve el gusto de meter en mi casa, no lo tenía.
Hoy en día, me levanto y miro el armario vacío de mi cuarto de
baño. Podría ser un coñazo, ponerse esos potingues cada día,
pero reconozco que eran bonitas de ver y daban colorido al piso.
Cuando
Laura se fue lo pasé muy mal. Las otras rupturas realmente no fueron
tan dramáticas, pero Laura, parece ser, que se me metió más en el
corazón, y por lo tanto, me dolió muchísimo el que se fuera.
Rompimos por la forma de ser de cada uno. No encajábamos. No fue
culpa de nadie. O eso quiero creer yo. Laura es muy fuerte, muy
valiente, muy motivadora, muy positiva. Y yo, pues soy yo. Cobarde; a
veces. Valiente; solo en los negocios. Retromonguer, infantil en
algunos aspectos. Bromista ácido, sobre todo cuando algo me duele;
soy tierno y cariñoso. Algunas dicen, que en la primera cita suelo
estar un poco callado, pero éso me hace cuqui y adorable. En
general, creo que soy un tío muy majo. Así que, claro está, que no
éramos la pareja perfecta.
Tengo
la creencia que hay una persona adecuada para cada uno. Pero
adecuada, adecuada. Me explico: creo en, lo que se suele decir, un
alma gemela para cada persona. Y cuando la encuentras, por muy mal
que vaya todo, nunca se irá de tu lado. Porque hay como una conexión
cósmica, intima y pasional que es imposible que se rompa. Vaya, si
me oyera Pol, me daría una paliza de campeonato. Pero en lo más
profundo de mi mente lo creo de verdad. Y todos estos pensamientos
vienen por mis abuelos. Ellos eran el referente que tengo del amor.
Una pareja que se casó en la postguerra, y que con su esfuerzo y su
unión pudo con todo. Yo, que iba los tres meses de verano a su casa
del pueblo, vivía día tras día con ese amor. Tenían setenta y
pico años cuando yo viajaba cada verano y aún con esa edad, se
daban la mano cuando paseaban, bebían del mismo vaso, dormían en la
misma cama y abrazados. Se sonreían mucho, se decían piropos el uno
al otro. En esa casa se respiraba auténtico amor. Vamos que si eso
no eran almas gemelas, que baje Dios y me lo explique. Así que estoy
convencido que la persona adecuada me querrá tal y como soy; igual
que yo a ella la querré sin necesidad de que cambie nada. Cuando las
parejas empiezan a querer cambiar cosas porque a la otra persona les
molesta… Mal vamos.
En
eso pensaba mientras llegué a la esquina donde se situaba mi
negocio. Siempre pensaba en mis abuelos cuando llegaba al local. Y es
que a ellos les hubiese encantado verlo. Podría decir, sin duda, que
era uno de los restaurantes sicilianos mejores de Barcelona. Se
llamaba “Un’altra storia”. Mi abuela, una impresionante mujer
nacida en San Giuseppe Jato, un pueblo situado a treinta kilómetros
de Palermo; me enseñó a cocinar en los veranos. Al principio me
daba un poco de pereza, pero luego le cogí el gustillo. Sin saberlo,
me había inculcado lo que ahora sería mi profesión. Abrí la
persiana. Eran las nueve de la mañana y entre Paola y yo nos
disponíamos a preparar los cuatro kilos y medio de pasta que
necesitábamos para nuestros clientes. Y como decía mi abuela María:
“A mano, nene, a ejercitar los deditos. Que las máquinas de hacer
pasta las carga el diablo”
-
Perdón, ¿está abierto?-
-
Esto… Nnno-
- Es
solo para reservar mesa para esta noche. ¿Alas 21.30?-
-
O.K. Señorita. Le apunto. ¿Cuántas personas?-
-
Solo yo-
- ¿A
nombre de…?-
-
Elisabeth Birdwhistle… Mejor ponga solo Beth.-
-
Genial Beth. Nos vemos esta esta noche.Ciao.-
-
Ciao.-
No hay comentarios:
Publicar un comentario