jueves, 30 de abril de 2020

Sergio

Llevaba una época bastante nervioso. Hacía unos años me había embarcado en un negocio propio, y últimamente no iba lo bien que me esperaba. Echaba de menos la oficina, los trajes, las reuniones en el extranjero… Pero hablando con el corazón, en aquella época no era feliz del todo. Me costó años darme cuenta, y muchos meses tomar la decisión de cambiar de vida. Pero reconozco que es lo mejor que he hecho nunca. Me vaya mejor o peor, ahora soy feliz. ¿Y no es éso lo que buscamos todos en la vida?

Tengo treinta y siete años y debo decir que no ha sido fácil encontrar sentido a mi vida. Conseguí independizarme antes de los treinta. Todo un logro hoy en día. Acabé la carrera, hice un máster y enseguida me cogieron en una importante empresa. Era un poco estresante la competencia que había por ascender, pero cuando daban las cinco, cerraba el portátil y me iba a vivir. Para conseguir mantenerte cuerdo en este tipo de trabajo; a las cinco, tu cabeza tiene que desconectar y conectarse a tu vida. Los primeros años estuvo genial. Ganaba bastante dinero, viajaba con mis amigos, tenía muchos hobbies y muchos planes de vida. A los treinta y dos me compré un piso. No está en el mejor barrio, pero es bonito, tiene unos parques cerca y una gran terraza desde donde se ve el Tibidabo. A los treinta y cuatro me dio la crisis existencial de los treinta. En la vida siempre he ido con algo de retraso… Y fue cuando tomé la decisión de cambiar de vida. Con el dinero que tenía ahorrado, invertí en este negocio, un gran acierto. No fue fácil. Pasé de tener una vida casi solucionada; a involucrarme en algo, que no sabría si iba a ir bien. En algo, que, sin ayuda prácticamente de nadie, tendría que sacarlo adelante con mi ingenio, mi capacidad y mi voluntad. Pero así soy yo. Un chico valiente en algunas cosas. Menos mal que no en todas...

En el aspecto sentimental, soy lo que diríamos un poco gilipollas. Retromonguer es como me llama mi mejor amigo Pol. Supongo que he perdido la oportunidad de estar con chicas maravillosas debido a mis miedos. Sí, reconozco que soy un poco cobarde, a veces. ¿Sabéis cuando tienes trece años y te dan miedo las chicas? Pues creo que mentalmente tengo trece y medio. A ver, aclaremos puntos. Obviamente no soy virgen ni nada así. Y he tenido cuatro relaciones de varios años cada una. E incluso con la última, hemos convivido juntos. Fue una experiencia interesante. Lo más curioso de todo, era intentar saber, cuántas cremas usáis las chicas. No podía ser que hubiera tantas. Seguro que algunas las tenía repetidas… El concepto cremas, lo utilizo para serum del pelo, desmaquillador y algunos potingues de maquillaje. Vamos, para mí las “cremas” es todo lo que os ponéis en el cuerpo y pelo. Supongo, que por este motivo, imposible distinguir entre crema hidratante de rizos y crema hidratante de pies, me gané el desamor de Laura. Ella se lo tomaba todo muy en serio, yo solo hacía chistes. Vamos a ver, no decís siempre que os gustan los tíos con sentido del humor. La chica de las cien cremas, que tuve el gusto de meter en mi casa, no lo tenía. Hoy en día, me levanto y miro el armario vacío de mi cuarto de baño. Podría ser un coñazo, ponerse esos potingues cada día, pero reconozco que eran bonitas de ver y daban colorido al piso.

Cuando Laura se fue lo pasé muy mal. Las otras rupturas realmente no fueron tan dramáticas, pero Laura, parece ser, que se me metió más en el corazón, y por lo tanto, me dolió muchísimo el que se fuera. Rompimos por la forma de ser de cada uno. No encajábamos. No fue culpa de nadie. O eso quiero creer yo. Laura es muy fuerte, muy valiente, muy motivadora, muy positiva. Y yo, pues soy yo. Cobarde; a veces. Valiente; solo en los negocios. Retromonguer, infantil en algunos aspectos. Bromista ácido, sobre todo cuando algo me duele; soy tierno y cariñoso. Algunas dicen, que en la primera cita suelo estar un poco callado, pero éso me hace cuqui y adorable. En general, creo que soy un tío muy majo. Así que, claro está, que no éramos la pareja perfecta.

Tengo la creencia que hay una persona adecuada para cada uno. Pero adecuada, adecuada. Me explico: creo en, lo que se suele decir, un alma gemela para cada persona. Y cuando la encuentras, por muy mal que vaya todo, nunca se irá de tu lado. Porque hay como una conexión cósmica, intima y pasional que es imposible que se rompa. Vaya, si me oyera Pol, me daría una paliza de campeonato. Pero en lo más profundo de mi mente lo creo de verdad. Y todos estos pensamientos vienen por mis abuelos. Ellos eran el referente que tengo del amor. Una pareja que se casó en la postguerra, y que con su esfuerzo y su unión pudo con todo. Yo, que iba los tres meses de verano a su casa del pueblo, vivía día tras día con ese amor. Tenían setenta y pico años cuando yo viajaba cada verano y aún con esa edad, se daban la mano cuando paseaban, bebían del mismo vaso, dormían en la misma cama y abrazados. Se sonreían mucho, se decían piropos el uno al otro. En esa casa se respiraba auténtico amor. Vamos que si eso no eran almas gemelas, que baje Dios y me lo explique. Así que estoy convencido que la persona adecuada me querrá tal y como soy; igual que yo a ella la querré sin necesidad de que cambie nada. Cuando las parejas empiezan a querer cambiar cosas porque a la otra persona les molesta… Mal vamos.

En eso pensaba mientras llegué a la esquina donde se situaba mi negocio. Siempre pensaba en mis abuelos cuando llegaba al local. Y es que a ellos les hubiese encantado verlo. Podría decir, sin duda, que era uno de los restaurantes sicilianos mejores de Barcelona. Se llamaba “Un’altra storia”. Mi abuela, una impresionante mujer nacida en San Giuseppe Jato, un pueblo situado a treinta kilómetros de Palermo; me enseñó a cocinar en los veranos. Al principio me daba un poco de pereza, pero luego le cogí el gustillo. Sin saberlo, me había inculcado lo que ahora sería mi profesión. Abrí la persiana. Eran las nueve de la mañana y entre Paola y yo nos disponíamos a preparar los cuatro kilos y medio de pasta que necesitábamos para nuestros clientes. Y como decía mi abuela María: “A mano, nene, a ejercitar los deditos. Que las máquinas de hacer pasta las carga el diablo”

- Perdón, ¿está abierto?-
- Esto… Nnno-
- Es solo para reservar mesa para esta noche. ¿Alas 21.30?-
- O.K. Señorita. Le apunto. ¿Cuántas personas?-
- Solo yo-
- ¿A nombre de…?-
- Elisabeth Birdwhistle… Mejor ponga solo Beth.-
- Genial Beth. Nos vemos esta esta noche.Ciao.-
- Ciao.-

No hay comentarios:

Publicar un comentario